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Kheir-ed-Din, uno de los tantos Barbarroja que existieron

Las grandes naciones europeas siempre han tenido problemas con los piratas. Hace unos meses leí un libro llamado ‘Historia de la Piratería’, escrito en los años 30 del siglo pasado por un tal Philip Gosse. Un libro del que disfruté. Contaría lo que dice el libro, pero me limitaré a citar unos fragmentos de mi edición:

Esta vez se determinó a arrancar a los piratas de su guarida central, Argel, y Doria fue encargado nuevamente del mando. Con él estaban los antiguos aliados, aunque casi todos los países cristianos se hallaban representados por voluntarios […]. Entre los españoles iba Hernán Cortés, futuro conquistador de México […]. La armada, compuesta de quinientas naves dotadas de doce mil marineros […] puso rumbo hacia Argel el 19 de octubre de 1541. Doria se opuso, diciendo que era peligroso aventurarse tan a fines de estación, cuando eran de esperar tormentas en el norte de África. Carlos [el emperador Carlos I de España] se le sobrepuso […]. El emperador en persona se embarcó en la almiranta de Doria; las fuerzas de desembarco iban al mando del duque de Alba, el más grande de los militares del siglo XVI. (Historia de la Piratería, de Philip Gosse. 2008 ed. Renacimiento).

Esta expedición salió mal, entre otras cosas por la tozudez de Carlos I (o V, como se prefiera) y Barbarroja siguió haciendo de las suyas en Argel,. Pero si algo queda patente, es que entonces no se andaban con chiquitas ni con paños calientes. Iban a cortar de raíz el problema.

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