1964, originalmente cargada por Asier Solana Bermejo.

“Mira, ¡funciona!”, sólo tengo que lijar el óxido y cambiar los rodamientos y los frenos. ‘Como si fuera poco’, pensé. Aquel vehículo de dos ruedas llevaba 35 años oxidándose en un garaje de la montaña. “¡Ves, pesa muy poco!”, añadió. La cogí entre mis manos, y en efecto, era mucho más ligera de lo que se podía esperar. La dejé con cuidado, admirando que todavía siguiera viva, y con mis manos marcadas por el óxido. “Es una bici de correr, y no veas qué velocidad pilla”, sentenció.

Mis neuronas suspiraron. “Bueno, entonces manos a la obra, ¿has pensado en ese líquido que quita el óxido?”, le pregunté. “No, con la lija me vale”.

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