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Sergio se preguntó qué temperatura haría fuera. En 3 años de vida en la calle no había visto una noche tan fría. La intemperie le había hecho más resistente al frío, pero tenía un límite. Aun en aquella casa abandonada se le congelaban los dedos, y no sintió el cigarrillo hasta que se consumió y le quemó. Apuró el último trago de su litrona, y se acurrucó sobre el colchón. “Mala idea he tenido, mal rayo me parta”, pensó cuando la escarcha de su nariz le empezaba a impedir respirar. Así que lo hizo. Arrancó las láminas del somier, y se hizo una hoguera. Calentaba, alumbraba. Su nariz volvió a estar despejada, y entonces olió el humo. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que el suelo de la habitación también era de madera.

(foto publicada originalmente en Diario de Navarra, ficción inspirada en hechos reales)

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