Motocarro, originalmente cargada por Asier Solana Bermejo.

Mírenle bien. Se llama Johny, tiene 16 años y quiere estudiar Agropecuario en la ciudad. Es originario de Linuya, una comunidad indígena de la selva que está demasiado lejos como para visitarla en las dos escasas semanas que duran las vacaciones de invierno (julio-agosto) en Perú. Así que se ha quedado a manejar(conducir) el mototaxi de su hermano mayor y sacarse algo de plata en estos 15 días.

Además de estar lejos, su comunidad nativa está río arriba, y ahora no es época de lluvias por lo que el nivel del agua, así como el cauce, están muy bajos. Eso es fácilmente comprobable al ver que los niños de 7 u 8 años se bañan y apenas les cubre hasta la cintura. Niños que miden de altura como uno español de 5 ó 6 años; aquí la gente tiende a ser de menor estatura, con más de metro setenta uno ya destaca por arriba.

Johny es el único de los cincuenta niños del internado que pasará las Fiestas Patrias, que se celebran el 28 de julio, en el internado. El otro día me invitó a dar un paseo en el mototaxi, y me llevó hasta donde acaba Sepahua, justo el fin del poblado y el inicio de la selva. Fue, desde el centro de la gran ciudad de la zona (3.000 habitanes), un paseo de más de 10 minutos. Fue unpaseo en el que vi gallinas esquivando el vehículo, casas de paja, vigas de madera que pronto serán casas, la pista de tierra en la que aterrizó mi avión, y gente. También vi, en u lugar apartado, una pareja que intantaba conseguir un poco de intimidad.

Y vi un joven que es la excepción, aquí más que nunca, por su espíritu de superación. Es así en una cultura en la que, ancestralmente, todo se ha conseguido de la gran despensa que es la selva. O que era, porque cuando en vez de 20 familias hay 20 barrios con 20 familias cada uno, es necesario pensar en alternativas.

Y una de ellas es la del motocarro, un vehículo mitad moto, mitad carro (coche). Por cierto, aquí la edad poco importa a la hora de conducir, en una ‘gran ciudad’ sin sucursal bancaria ni policía.

El paseo terminó donde lo habíamos empezado. Ya he llegado al límite de la selva. Ya estoy más cerca de la frondosidad.

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