Candela, originalmente cargada por Asier Solana Bermejo.

Una luz tan simple, diminuta y pequeña como el de una vela de cera puede ser suficiente para sacarnos de la oscuridad. Porque cuando la noche, aquellas luces que el sol no nos dejaba ver son la única salvación que tenemos.
Es como si el astro rey nos hubiera dicho: “¡Espera mi regreso! ¡No desesperes, dejaré una parte de mí para que se alce sobre las tinieblas!’.
Y así es, cogemos con el dedo una parte de la bola de fuego infinita para dar pasitos en la noche. Y en ese recogimiento, esa calma que a veces llega a ser tan sublime como la paz, recordamos que no se puede menospreciar ni siquiera el calor de un fósforo.

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