Hace una semana y un día, exactamente, que mi vecino el pobre Mateo (en el centro de la foto) veía cómo, mientras desayunaba, se inundaba su casa. También la mía, sólo que yo no lo veía porque ya no estaba allí.

Así que esta fue la escena que vi cuando llegué al lugar de los hechos. Sí amigos, ya que se había inundado mi casa, preferí fotografiar la de mi vecino; la escena era mucho más emocionante.

Os cuento por qué. No me sentía con ganas de andar achicando agua de mi cuarto hasta que el nivel del río bajara, por eso de la teoría de los vasos comunicantes (http://es.wikipedia.org/wiki/Vasos_comunicantes).

Por suerte, ni ayer ni hoy nos hemos despertado inundados, y además la inundación sirvió para que limpiaran el tanque de agua. De verdad, cuando el agua que sale del grifo es marrón uno puede pensar que alguna sirena del río ha decidido ser considerada con los humanos y darles chocolate. Yo tiendo a pensar que lo que en realidad sucede es que el río baja cargado de tierra y otras cosas que es mejor no beber.

Y a pesar de que podamos reírnos con lo que sucede,queno es para menos, pensad que ese agua marrón es la que beben aquí. Y luego que hay desnutrición. Y diarreas. Y sistemas inmunológicos débiles que no aguantan una gripe. Y un largo et cétera.

Sed felices, y no olvidéis a la selva amazónica, como sí hacen sus gobiernos.

Anuncios