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Fuego, originalmente cargada por Asier Solana Bermejo.

Antiguamente, el sapo era una mujer que vivía en nuestra querida selva de Ucayali. Ella era el único ser en la tierra que poseía el fuego. Entonces, todos los que querían cocinar debían acudir a esta mujer sapo. Fue entonces cuando un día apareció el mono, que habló con la mujer sapo, de la siguiente manera: “Hermana, dame un poco de tu fuego”. Ella, sin embargo, le respondió: “No puedo dártelo, hermano. Pero puedes cocinar aquí. En cambio, no puedo permitir que lleves el fuego a tu casa”.

Con esta respuesta,el mono tuvo que cocinar en el fuego de la mujer sapo. Cuando su comida estuvo cocinada, regresó a su casa. Pero, listo como era, había escondido un poco de la candela y se la había llevado, bien oculta para escapar a los ojos de la mujer sapo. Cuando llegó a su casa, prendió su fuego propio para volver a cocinar.

Entonces, la mujer sapo miró en la casa del hombre mono. Vio el humo que salía. Como ella no quería que él tuviera fuego, se fue hasta la casa del mono, con la intención de recuperar lo que era suyo. Cuando llegó a la casa encontró al mono cocinando. “¡Hermano!¿Por qué has traído mi candela?”, le preguntó. Entonces, la mujer sapo sacó los tizones y los trajo de regreso a su casa. Fue así como el fuego del mono se apagó.

Nadie podía ganar a la mujer sapo.

Otro día, el mono escondió un poco de candela pero la mujer le vio y la volvió a recoger. No quería permitirle ya más que viniera para cocinar, pues siempre el mono se llevaba la candela. Entonces, pensaron más monos, no sólo uno. Y se les ocurrió una gran idea. “¿Qué tal si hacemos nuestro propio fuego? Así no haremos enojar a la mujer sapo, porque ella cuida mucho su fuego”.

La mujer sapo no sabía qué pensaban los monos. Entonces, ellos sacaron un bambú y un palo. Los frotaron y frotaron silvando y silvando. Pero no salía chispa ni candela. Después, trajeron una ramita de achiote, y virutas de bambú. Otra vez frotaron con todas sus fuerzas. Por fin vieron salir un poco de humo, y se alegraron. Siguieron frotando con toda su energía.

Esta es una leyenda recopilada por Gabriel Marzano Campos, joven asháninka de 17 años nativo de la comunidad de Santo Domingo que estudia 3º de Secundaria y participa en el programa de Radio Sepahua ‘Voces de la selva’.

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