Remate, originalmente cargada por Asier Solana Bermejo.

José: “Y ahora, vamos a comentar los fichajes. El equipo del barrio Rosario se ha reforzado con Luis Napoleón, también se han reforzado Cultural y Municipal”.
Asier: “¿Y habrán pagado mucho?”
José: “Te explico. A uno que es bueno pero sin más, le dan un par de chimpunes. Al que es muy bueno, dos pares de chimpunes y una caja de cerveza. Y al que sobresale, tres pares de chimpunes y dos cajas de cerveza”.

Cuando llegué a Sepahua nunca pensé la cantidad de fotos de fútbol que tendría ocasión de hacer. Ese deporte que he llegado a odiar hepáticamente por culpa del negocio y el circo creados en torno a las grandes estrellas, va y me sorprende en medio de la selva amazónica.

Pero poco a poco se me ha ido apoderando de mí una sensación extraña. Desde que por primera vez vi jugar en el campo de fútbol del barrio siete de junio (un trozo de tierra mal puesto) dos equipos, vi algo. También cuando viajé a las comunidades más apartadas, y lo primero que hacían con los forasteros era compartir un partido de fútbol. Que a la menor fiesta se organice un campeonato de fútbol en cualquier trozo de pasto.

Y que todos jueguen a este deporte, o al menos vayan a verlo, y que el jugarlo sea de manera tan elemental como la que me explicaba José, que hasta aquí tienen su mercado local de fichajes.

Por cierto, que en Estudiantes (los de naranja) los refuerzos llegan sólo por los internos que viven en la Misión.

Y por cierto, que en parte escribo este post sólo por la instantánea que logré captar el jueves. Llevaba meses tratando de disparar una foto como esta.

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