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Padre Nemesio, originalmente cargada por Asier Solana Bermejo.

Es día tres de junio, hace dos días Sepahua celebró su aniversario. Esta fiesta es de tremenda importancia, lo suficiente para tener un desfile de dos horas y media en el que cada colegio, barrio o asociación se esforaba por hacerlo mejor que el anterior.

Lo importante de todo esto fue, sin embargo, un reconocimiento dado al padre Nemesio Martínez, a quien han nombrado hijo predilecto de Sepahua. La verdad es que yo me limité a hacerle la foto, porque de él hay personas que pueden hablar mucho más. Sólo recuerdo que cuando llegué a Lima él también estaba allí, y en mi segundo día en el convento se celebraba su cumpleaños número 88, por lo que tuve la oportunidad de probar el cebiche. Inseguro, sin conocer a nadie, se me ocurrió preguntar en el café que quién era para felicitarle, y me dijeron que no, que ya estaba durmiendo, y que además ni me habría entendido.

Y era cierto. Yo he llegado muy tarde a la vida de este misionero, pero lo suficiente como para decir que en el no hay negros, ni siquiera grises. Todo es blanco. Lo mejor que puedo hacer es copiar la reseña biográfica que sobre él ha hecho el padre Ignacio aprovechando la ocasión.

EL Padre Nemesio Martínez nace un 18 de julio de 1923 en un pueblito llamado Villavega de Aguilar, al norte de la provincia de Palencia, límite con Santander, Hoy Cantabria. Por tanto está a las puertas de cumplir 89 años.
Sus padres se llaman Benjamín y Regina, y forman una familia de profundas raíces cristianas de la que llegan a sobrevivir seis hijos. Dos varones, Nemesio y el ya fallecido Gregorio, y cuatro mujeres; una de ellas fallecida recientemente, Pilar. Su infancia se desarrolla en un ambiente campesino, alternando el trabajo de subsistencia familiar entre la pequeña granja típica en el medio y el trabajo asalariado en las minas de carbón.
Nemesio muestra desde niño especial inclinación y atención en los servicios religiosos. Le gusta ser monaguillo y participar en las celebraciones. Conforme crece, muestra interés por pertenecer a alguna congregación religiosa. En la zona eran conocidos los frailes dominicos del santuario mariano de Montes Claros, en pleno corazón de la cordillera cántabra. Su padre lo llevó a la villa de Aguilar de Campooo, capital de la zona, para recibir una formación superior con unos frailes. A la muerte de su padre, de forma trágica y sin motivación clara, en la Guerra Civil Española, envuelto en el huracán de rencillas e ideologías. Nemesio tiene que practicar por esto el gesto heroico del perdón, su madre lo trae nuevamente al hogar para que ayude, aunque ella siente tantas ganas como él de que se decida por pertenecer a alguna congregación religiosa. En los vaivenes de la vida, donde el señor va abriendo caminos, por gestión de su abuelo, su tío y un sacerdote amigo de ambos se cumple el sueño de Nemesio: se incorpora al santuario de Montes Claros, de donde pasa a Corias, Asturias, para cursar su bachiller.
Tiempos difíciles en la España de la Posguerra, de hambre y estrecheces, propensos a enfermedades. Allí pasa cinco años para incorporarse en 1944 a Salamanca, centro de España, corazón de Castilla, ciudad universitaria. Allí toma el hábito de Dominico, hace su noviciado y la primera profesión. Reconocidas sus dotes de servicialidad, es elegido enfermero, cargo que desempeña durante toda su carrera. Si tuviera que destacar alguna de sus muchas virtudes de este tiempo de estudiante, yo propondría la de su humildad.
Ante ciertas situaciones de salud que le surgen, junto con el tiempo dedicado a los enfermos, le cuesta muchísimo seguir sus estudios por lo que decide, antes que renunciar a sus servicios, por la vida de hermano cooperador. Cada vez que propone su proyecto a los superiores es rechazado sistemáticamente y animado para seguir al presbiterado. Pasa entonces a Vergara, en el País Vasco, y de ahí a Caldas del Besaya para sus últimos años de Filosofía, nuevamente en la provincia de Santander. Es este convento un importante centro mariano. La inspiración de quienes sinteiron la gracia de su majestuoso escenario describieron de forma bucólica recogida en el himno a la virgen “A tus plantas el río se aleja, musitando una tierna plegaria y se postran los montes altivos, ante trono de madre tan santa”.

Sacerdote, llega a Perú
El primero de octubre de 1945 hace su profesión solemne y el 9 de julio de 1950 se ordena sacerdote. En juliod e 1952 se embarca para perú, cumpliendo 29 años en plena travesía Atlántica. Llega a Lima por el puerto del callao el 3 de agosto, víspera de la fiesta de nuestro padre Santo Domingo.
Destinado a Puerto Maldonado, le encomiendan la atención de la Misión del Pilar, en la que pasa cinco años y aún lo recuerdan como misionero ejemplar. De ahí pasa a Iberia en el Tahuamanu. En 1964, después de doce años, regresa por primera vez a España para visitar a su familia. A su regreso vuelve a Puerto Maldonado, donde permanece desde 19065 hasta 1970. En ese año cambia su periplo del Madre de Dios al Urubamba.
En el Alto Urubamba le encomiendan la misión de Quellouno. Incansable, con su pequeña moto, llega a todos los lugares más apartados. Conocido, respetado y querido por todos aquellas rutas, es un milagro constante que no tenga percances conduciendo con sus limitaciones por lugares tan peligrosos. Siendo los habitantes de la zona preferentemente andinos, se toma un año sabático que lo dedica a prender el Qechua. Pero al incorporarse lo destinan a la Misión de Koribeni, centro nativo. Siempre fue la ilusión de su vida trabajar en favor de estas gentes.
Se desvive en defensa de sus derechos durante todos los años que pasa en Koribeni. Va más allá de los mismos interesados cuando se trata de defenderlos en causas justas. Impulsa el trabajo armónico con las hermanas Dominicas, formando un equipo que llega al corazón de las familias. La huella que deja a su paso es imborrable, a la vez que reconocida.

En Sepahua
En abril de 1988 pasa a Sepahua. Se han cumplido 24 años de su presencia en nuestra villa. Aquí ha desempeñado su trabajo de madurez y ha envejecido. A los pocos años de su llegada, se reestructura la comunidad, incorporándose el padre Ignacio y la permanencia de fray Domingo. La huella de su quehacer y consejo está presente en el desarrollo del distrito en estos años.
Son muchos los hitos en los que puede destacarse su participación. Como misionero itinerante visita los poblados y caseríos del río de forma incansable, hasta que el impedimento físico pone límites. Desde entonces han sido muchísimos de los caseríos que cuando vienen a Sepahua le visitan.
En los momentos cruciales siempre ha estado presente de forma sencilla y eficaz. Con la presencia del terrorismo y el narcotráfico se muestra con ejemplar discreción defensor en primer lugar de la vida, así como de la justicia.
Con el brote de cólera en el Perú, que también azota a Sepahua, es ejecutivo y práctico. Pone en práctica sus dotes de sabiduría de ciencias naturales. Descubre un manantial de agua limpia. Formula un proyecto y lo ejecuta de forma sorprendentemente rápida, proporcionando agua a un amplio sector de la población. La mejor forma e atacar el mal del cólera. Serían múltiples e inacabables las anécdotas de su vida en nuestro pueblo pero nos alargaríamos demasiado. Creo que con destacar su carácter risueño y acogedor, abierto a todos especialmente a los más pobres, hemos dicho mucho.

Por todo ello gracias, Padre Nemesio.
Y gracias en nombre de la Orden a las autoridades y amigos que hoy te reconocen.

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