dos jóvenes, originalmente cargada por Asier Solana Bermejo.

A través de Flickr:
Dos jóvenes sharanahuas en la comunidad de Santa Rosa de Serjali, en Ucayali (Perú)
Llevaba año y medio esperando este viaje, y de verdad creo que las cosas suceden a veces por algo. En este caso, la perspectiva tras un año y medio en Sepahua y dos libros que hablaban del tema me ha permitido encontrar mucho más sentido a una visita que, de otro modo, habría resultado prácticamente infructuosa.

Hablo de Santa Rosa de Serjali, una comunidad nativa de etnia sharanahua a orillas del río Mishahua, el mismo por el que en el siglo XIX Fitzcarrald proyectó hacer un ferrocarril. Los sharanahuas, o sharas, entraron en contacto con la civilización en los años 80, aunque se sabía desde hacía tiempo que existían, e incluso es más que probable que generaciones atrás, en la época del caucho, ya hubieran tenido contacto normal con el resto de etnias y de gente venida de fuera de la selva.

Hoy, más de treinta años después, se les considera en ‘contacto inicial’. Que vivan en una reserva significa que, en teoría, no tienen derecho a que nadie haga nada en su comunidad sin que lo autorice Indepa, un organisnmo estatal dependiente del ministerio de cultura; a no ser que se trate de emergencias de salud. En la práctica, hay un puesto de control en el que vive una familia de sharas que autorizan a pasar a casi cualquier persona que lo desee. De hecho, llamaba la atención ver la variedad de personas que han entrado desde 2008 en Serjali, a tenor del registro que hay en el libro. De la familia que alli vive, en un lugar llamado ‘Boca Tigre’, uno de los hijos tiene una enfermedad que, para sobrevivir, le obligará a viajar a Lima el mes que viene. Otra hija, la mayor, estudia en el colegio de Sepahua, y es la que al final termina atendiendo a la gente que entra, porque es la que mejor sabe leer y la que mejor entiende castellano. Se nota que ella es de toda la familia la que viste a la manera más occidental, cuando surcábamos la encontramos con pantalones vaqueros y camiseta; se hubiera calzado y podría pasear por cualquier ciudad del mundo.

Esta visita a Serjali no era turismo. Acompañaba a Claudio ‘Chino’ Wong y al ingeniero Álex que se van a encargar de construir un local comunal. También acompañaba a Alba Gómez (ingeniera química) y a Gonzalo Muñoz (arquitecto) que iban a estudiar el agua y la localización de las quebradas para realizar un proyecto de agua y desagüe. Encabezando la expedición iba Luis Adauto, alcalde de Sepahua, distrito en el que se encuentra esta comunidad; la municipalidad se hará cargo del coste de estas dos obras.

Lo más llamativo a la hora de llegar a la comunidad fue constatar lo que ya sabíamos desde que emprendimos la navegación; había menos de la mitad de toda la población de Serjali. La gran mayoría estaban en Sepahua. Se les había prometido trabajo, se les había regalado el combustible para surcar hasta la comunidad, pero muchos se quedaron en Sepahua. No quiero ser malpensado, pero apuesto a que más de uno de los que recibió el combustible y quedó en tierra habrá vendido esos galones para conseguir algo de plata. Otros surcaron tarde, a pesar de que estaban avisados desde dos días antes. Ellos, por lo menos, llegarían a tiempo para trabajar.

Cuando tuvimos la reunión con los comuneros para explicarles el proyecto, no estaba nadie de la directiva de la comunidad. Tampoco ningún profesor ni profesora, y sólo una hija del ‘curaca’, o líder natural de este grupo, quien tampoco se encontraba. Me quedó la pregunta de, ¿por qué ese desinterés? ¿Acaso no quieren trabajar, no quieren ganar plata si están todo el día en Sepahua pidiendo por un trozo de pan o por diez soles para recargar su móvil? Algo fallaba, desde luego. Y tras pensarlo un poco, he llegado a dos conclusiones.

La primera es que no hay falta de interés, sino falta de credulidad. Mucho les han prometido y poco se ha hecho con ellos. Estoy seguro de que cuando empiecen a cobrar los primeros jornales subirán el resto.

La segunda es que sucede que los ‘líderes’ de este grupo no necesitan trabajar. O mejor dicho, no necesitan trabajar en ninguna de estas obras. Varios sharas trabajan en la empresa ‘Pluspetrol’, que está realizando trabajos de exploración en la propia reserva, y algunos otros tienen otros trabajos, como por ejemplo de docente. Si tienen trabajo o aunque no lo tengan saben que van a recibir dinero de ciertas instituciones que quieren llevarse bien con el grupo… ¿para qué trabajar?

Me aventuro a decir que el mayor conflicto y la mayor tensión cultural para con los sharas viene de quienes no los tratan como personas iguales a nosotros con los mismos derechos humanos que nosotros.

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