Funeral, originalmente cargada por Asier Solana Bermejo.

No es agradable escribir sobre el funeral de una joven que no superaba los 18 años. Julia Meléndez iba a terminar su Secundaria en diciembre, pero desde hacía años estaba mal alimentada. El año pasado, recuerda alguno de sus docentes, estaba muy paliducha y faltaba mucho a clase.
Su familia es humilde, vivía con su abuela, a veces no desayunaba, tenían poco que comer. Cuentan sus compañeros que intentaba estudiar, que se esforzaba, pero que no se le quedaba. Participaba en la banda de música del Colegio, y se preparaba para confirmarse.
Pero no pudo. Julia no murió de hambre, pero no comía bien. El diagnóstico médico es que había fallecido por gastritis, pero en este caso no era más que un síntoma de su situación personal y familiar. Llenar la tripa y estar desnutrido son dos realidades que pueden convivir, porque la yuca, el plátano, son gratis. Pero el pescado escasea y la carne es cara de comprar. Las estadísticas dijeron en 2011 que en Sepahua hay un 80 % de desnutrición crónica infantil. Pero las estadísticas tienen caras.
Julia ha muerto por ser pobre y por vivir en un país que tiene mucho dinero pero en el que la riqueza está muy mal repartida.

Sencillamente, es injusto.

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