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Seguimos cogiendo velocidad en el camino del noviciado, y de la vida de fraile. Bueno, o de proyecto de fraile porque aunque ya esté incluido el prefijo en mi nombre oficial, me siento muy lejos de lo que debería llegar a ser. Antes de contar el día a día, me gustaría compartir los antecedentes. Aunque, para no hacerlo pesado, dividiré esta historia en varios temas.

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Probablemente, si un hijo, un hermano, un amigo… le dice a uno “me meto a fraile”, la primera reacción es de asombro. Después vienen las preguntas de los detalles, como si uno se va a hacer cura. Entonces llega una explicación de que no pero sí, que sí pero no, y todo queda más confuso que cuando te preguntaron. Salvo que en la familia todavía quede uno de esos ‘tíos curas’ o ‘tías monjas’. Son una especie en peligro de extinción, yo mismo lucho por convertirme pronto en uno de ellos, aunque no dependa de mí.

Creo que es el momento de repasar algunas de las reacciones que escuché, por supuesto respetando el anonimato de quien lo expresó.

  • ¿A fraileeeee?
  • ¿Pero vas a ser cura cura? ¡Oh, no! ¡Por qué arruinas tu vida!
  • ¡Joder Asier, si es que era normal! ¡Ya era hora!
  • (silencio) (silencio más largo)… Me pinchas y no sacas sangre. (silencio)
  • ¡Quéeeeeeeeeeeee! ¡Pero qué! ¿Lo vas a hacer? ¿De verdad?
  • ¿Tú? Si no supiera algunas cosas de ti, me parecería normal.
  • Hombre chico, me sorprende pero no te vayas a creer que tanto
  • ¡Asier Solana, no te pongas la sotana!
  • Y de esto… (imagináis qué gesto hizo) ¿nada? ¿nada nada?
  • Pues vaya, ¿y esa era la gran noticia?
  • ¿Y vas a ser solo fraile o presbítero?
  • ¡Ala, qué guay!
  • Asier, gracias por esperar a que estuviera sentada para contármelo.
  • ¡Qué alegría! Enhorabuena.

Variadas reacciones, de las que saco varias conclusiones. La primera, que quienes más me conocían fueron los menos sorprendidos. Eso me reconfortó, porque de entre las personas más cercanas, ninguna me dijo “ni de coña”. Más bien lo contrario, y he de decir que independientemente de la primera reacción y de su hostilidad con la Iglesia, ante mis explicaciones y mi convencimiento me dieron sus ánimos. Incluso tuve un par de peticiones de boda por adelantado. Hombre, sí es cierto que alguno de mis cercanos, sobre todo algún que otro familiar, estaba en la luna de Valencia. Al de la sotana le dije que tranquilo, que me voy a poner hábito, y como tiene un (<eufemismo>) puntito (</eufemismo>) de friki le dije que cuando me viera así podía pensar en un mago de Dungeons and Dragons.

Y saqué una última conclusión. Todos, absolutamente todos, asumieron que un religioso tiene que ser buena persona, especialmente si, como yo, la intención era acabar por las misiones. Alguno me preguntó si podría seguir bebiendo alcohol para tomarnos una de esas cervezas en torno a las que tanto acostumbramos a tener buenas conversaciones. Le dije que el primer milagro de Jesús fue convertir el agua en vino.

Hoy le añadiría que si hace examen, la religión cristiana se fundó en una taberna.

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