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Aún queda la pregunta más importante que responder. Algunas de las personas, tras sus sorprendidas reacciones (descritas aquí), empezaron a bombardearme a preguntas. Pero sólo unas pocas hicieron alguna de las dos preguntas más importantes: ¿Por qué? ¿Para qué?

Por todo y para nada. Esas son las respuestas de las preguntas. No creo que uno escoja ser fraile “para algo”, sino “por algo”. Es decir, aquí lo importante es lo que a uno le mueve a escoger una vida religiosa, no el utilitarismo que vaya a sacar de ella. En el mejor de los sentidos, esta es una vida inútil, como la literatura o la filosofía. No se hacen para algo, sino por algo.

Es decir, meterse en semejante percal no es un medio para conseguir una meta concreta, sino una consecuencia que sucede después de que uno se da cuenta de ‘todo’. A los que me preguntaban el porqué, les decía: “Porque es una necesidad”. No hay más. ¿Necesidad de qué? Y ahora viene cuando me tiro de la moto: “Tengo el convencimiento de que el mundo necesita que yo sea fraile”.

¿Necesidad de qué?

Un momento, eso hay que explicarlo. Voy a empezar por el ejemplo facilón. En los últimos meses realicé un viaje de 44 días seguidos por el Bajo Urubamba. Varias fueron las comunidades en las que tuve la suerte de entrar en confianza con sus pobladores. La conversación llevó en algunos casos a obligarme a contar que iba a ser “padre”. No me gusta ese término pero es el que entendían. En todos los sitios en los que lo conté me dijeron que allí necesitaban un padre. En dos de esos lugares dijeron: “Necesitamos un padre para que el domingo haga misa”.

Esto, dicho así, se malentiende mucho. Baste decir que hablo de mi experiencia en pueblos indígenas yines, machiguengas y asháninkas principalmente, en la amazonía peruana. Tienen unos esquemas radicalmente diferentes a los nuestros. Si se expresaran con nuestro lenguaje, la traducción de esa petición sería más o menos la siguiente: “Queremos que haya alguien confiable con nosotros que nos apoye y a quien podamos pedir consejo porque este mundo es muy complicado y hay muchas cosas malas en esto del progreso que estamos haciendo”. Es lo mismo que cuando a uno le preguntan: “¿Cuándo vuelves?”.

A estas alturas, el ejemplo ya no es tan facilón.

Cuando uno lo piensa, se da cuenta de que a pesar de sus miserias tiene que esforzarse todo lo que pueda para ser ejemplo. Pero sobre todo, esperanza.

Y si antes me tiré de la moto, ahora me voy a tirar del avión sin paracaídas: quiero ser fraile porque creo que el mundo necesita que le traiga una pizquita de esperanza. ¿En qué? En qué va a ser, en el amor.

Por supuesto, este camino no es el único. Es el único para mí.

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