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Este año me vuelvo a enfrentar a la realidad del estudiante. Sucede cuatro años después de que me despidiera de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, y los cambios han sido muchos. En aquel 2009 casi nadie tenía un ‘smartphone’, la situación económica no estaba tan mal, aún no se había rescatado a los bancos, Benedicto XVI era papa, y tenía una montaña de papeles acumulada apuntes tras apuntes.

Ahora lleo en el mismo aparato la Biblia, el catecismo, media obra de Shakespeare, todo Sherlock Holmes en Español y casi todo en inglés… y así hasta sumar 1.500 libros (aprox). Todo eso en objeto rectangular de siete pulgadas. El ebook, o libro electrónico si preferimos nuestra lengua.

Que sí, que vale, que soy el único de la clase que cuando hay que leer los prepucios del rey David (1 Sam 18, 25-27) saca ese aparatito en vez de abrir su voluminosa biblia y se pone a revivir las historias de estos pastores un tanto violentos. O que cuando llegan los apuntes por e-mail (todos los apuntes llegan por e-mail) los mete al Calibre, los convierte a epub, y disfruta de la lectura en su cama, tranquilito. Pensemos en lo que me costaría ir a la tienda a sacar fotocopias, en tiempo y dinero. Me apuesto a que dentro de tres años no seré el único y que en otras carreras donde los avances tecnológicos son más relevantes ya están así.

Desde tiempos inmemoriales (unos 15 años) lo más normal del mundo es hacer los trabajos de clase y de la universidad a ordenador, y se ha ido generalizando poco a poco. Los procesadores de texto probablemente sean los programas más utilizados después de los sistemas operativos a lo largo de la historia de la informática. Si escribimos en una pantalla, ¿por qué no leer en una pantalla? Alguna vez torturé a mis ojos leyendo libros en el ordenador; hablo de obras de 400 páginas. Pero era poco práctico. Aun así, normalmente leemos muchas cosas a través de internet, como está haciendo usted con este blog, por cierto.

La tinta electrónica no es de hoy, recuerdo que ya se oía hablar del invento cuando estaba en primero de Periodismo (2005) con proyectos similares al ebook pero fallidos, como tener algo parecido al libro electrónico pero sólo para leer un periódico en concreto. No cuela.

A la vez que comienza mi primer curso sin casi papel, empiezo a leer artículos de periódico que hablan de la piratería de libros; de lo que dejan de ganar los autores cada vez que alguien descarga un libro gratis en vez de comprarlo. Hacen la perversa ecuación de libro descargado=libro que se hubiera comprado físicamente en la tienda. Pues no, para empezar porque si el autor ha fallecido hace más de 80 años, la obra es de dominio público, y a mí me da que Galdós murió hace más de 80 años.

Sigamos. Muchos libros no se ofrecen en soporte digital, y si se pueden conseguir es gracias al trabajo gratuito de usuarios interesados, que se buscan la vida. Quizá si me ofrecen en soporte electrónico una obra podría comprarla para leerla en mi ebook. Quizá.

Suponiendo que la obra esté a la venta, los precios suelen ser sólo 2 ó 3 euros por debajo del ejemplar en papel. El coste de producir un libro en formato electrónico se reduce en un 80% como poco sólo por el hecho del soporte. No entiendo que un libro de tapa dura con papel satinado de 100 gramos/metro cuadrado tenga un precio de 40 euros y su equivalente en ‘epub’ tenga el precio de 30 euros. Aquí las editoriales intentan estafar al cliente. Y cuando el cliente entiende que le han intentado estafar, se molesta.

Supongo que empezaremos pronto con Sopas, Pipas y leyes Sinde que hagan referencia a los libros electrónicos, están abonando el campo. Supongo que pronto habrá algún competidor en el mercado capaz de hacerle frente a Amazon en la venta de libros electrónicos, tiempo al tiempo. Y supongo que vendrán mejores tiempos que nunca para escritores, filósofos, científicos, etc., y que las editoriales tradicionales se caerán. Atención, porque varios de los medios más influyentes de nuestro país se incluyen en conglomerados multimedia con al menos una editorial fuerte y no van a estar dispuestos a perder el negocio.

Una vez, el papel sirvió para ampliar el conocimiento, el acceso a la cultura, a la lectura y a la escritura. Ahora, un invento tiene capacidades exponencialmente superiores en la misma dirección. Pienso en la rápida adopción del teléfono móvil en los países en vías de desarrollo, que se han saltado las líneas fijas. Pienso en que pronto tendrán libros electrónicos en las aulas. Imaginad la diferencia entre transportar un pendrive con 1.000 archivos o llevar una canoa con diez ejemplares de 1.000 libros a través de las aguas amazónicas en periodo de crecida. O, simplemente, mandar cien ebooks en esa canoa y enviar los archivos por internet. ¿No sería maravilloso?

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