La semilla del odio

Ha dado sus frutos. Al menos, más de lo que me gustaría reconocer. Es normal sentir rabia, dolor, impotencia, injusticia… todo lo que se quiera, en el hecho de que salga a la calle una persona que ha asesinado a 24 personas. Y utilizo la palabra ‘persona’ con todo el sentido, con cada una de sus letras, porque una persona que mata a otra persona sigue siendo una persona.

En días como hoy, aquellos que desean el mal tienen que estar descorchando champán, porque su capacidad de inflingir dolor se ha visto multiplicada. No solo causaron desgarro en los momentos en que cometieron aquellos actos, sino que basta la mera visión de su rostro veinte años después para engendrar odio.

De repente, ese odio ha sido teledirigido hacia todos los que permiten que esas personas hoy puedan estar libres, como si fueran cómplices de sus atrocidades. Esgrimen como justificación de ese desprecio el mero hecho de que alguien o muestre ‘empatía’ con quienes desearían que los terroristas se quedaran toda la vida en la cárcel.

Yo puedo sentir empatía con el dolor ajeno, pero no con el odio ajeno. Me niego. Me niego a que hagan exclusiva una etiqueta de “víctimas” y la utilicen para llamar traidores a otros que, como ellos, han visto cómo sus nucas eran puestas en una diana.

Esta semana he visto cómo algunas víctimas pasaban de ser cautivas del odio de otros a ser cautivas de su propio odio. Y he visto a muchos medios de comunicación alimentar esta hoguera. Hoy necesitamos historias de perdón, no soflamas a favor de la venganza.

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4 comentarios en “La semilla del odio

  1. efectivamente, victimas somos todos, a lo largo de la vida, raro sera, quien no ha sufrido alguna injusticia, aunque sea minima. Esto, no te hace mas que pertyenecer a lo estadisticamente normal. No te concede3 ningun otro plus de razón en el resto de tus opiniones y omportamientos. Cuando se produce la agresión, siempre empatizo con la victima, pero esto, no supone que me vincule a sus opiniones, ni acciones. El objetibo es disminuir en todo lo pòsible el nº de victimas, y tratar de disminuir su sufrimiento. De momento, esto es lo que encuentro, más positivo. Un saludo desde Pamplona-Iruña

  2. Se olvida a menudo uno de los objetivos fundamentales de la cárcel, la reinserción. No se trata sólo de apartar de la sociedad a personas. Estamos en la obligación de intentar que, cuando esas personas vuelvan, se puedan volver a integrar y ser útiles. Si nos centramos en el castigo, en la venganza, en el odio, va a ser imposible. Si nosotros, durante el castigo, no abrimos una vía para que ello, va a ser muy dificil que esa persona vaya a cambiar. Lo único que hicimos fue seguir odiando. Entonces, cuando salga, sí, estará saliendo un asesino. Pero nosotros tendremos una gran parte de culpa. Y no podremos hacer nada. Porque simplemente le pusimos un castigo, y lo ha cumplido.

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