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El noviciado ha salido reflejado hoy en el Diario de Navarra. El viernes pasado celebramos la toma de hábito en el convento de Santo Tomás de Aquino, en Sevilla, donde vivimos durante este año. Cosas de haber sido cocinero antes que fraile, en el Diario de Navarra donde me formé como periodista en gran medida enseguida se enteraron. Y les pareció curioso, así que Ainhoa Piudo  me llamó el domingo para hacernos una entrevista.

 

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Esto es la contraportada, y siempre es un puesto de honor en en este periódico, no tanto porque vayan a leerlo más sino por aparecer debajo de la tira de Oroz, genio del humor gráfico. Esto, en cierta manera, es como siempre. Al principio he de reconocer que me sorprendió que me pidieran sacar un artículo sobre todo este tema, pero me convencieron porque es verdad que lo que estoy haciendo no es precisamente habitual. No me considero un ‘bicho raro’, pero sé que no entro en lo que hoy se considera más o menos normal.

He de decir que desde que escribí mis anteriores entradas explicando cómo y por qué quiero ser fraile, he recibido multitud de e-mails y mensajes de gente que me felicitaba, gente con la que hacía años que no contactaba, y me ha hecho mucha ilusión, porque todos ellos son gente a la que, de algún modo, admiro.

No  puedo decir mucho más. El pasado viernes, el prior provincial de la provincia de Bética, Miguel de Burgos, nos preguntó: “¿Qué pedís?”, y los cinco novicios que somos respondimos: “La misericordia de Dios y la vuestra”. Después, a cada uno nos revistió con el hábito el provincial (o delegado) de cada una de nuestras provincias respectivas, y quedamos todos muy guapos vestidos de pingüinos.

He de decir que, según me informaron, batí el récord de rapidez para manchar el hábito, cuando un desafortunado incidente hizo que se me cayera el vino encima. Por suerte una señora de Acción Verapaz que andaba por ahí salió a ayudarme y como pillamos las manchas recién perpetradas, ahora tengo un maravilloso y elegante hábito blanco.

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