Etiquetas

, , , , ,

Incertidumbre. Emoción. Entusiasmo. Confusión. Miedo. Insensatez. Descubrimiento. Aprendizaje. Desaprendizaje. Son palabras que de una u otra manera se pueden aplicar de manera especialmente intensa al periodo que precede a la primera profesión, llamada también ‘simple’, aunque no sé si tiene mucho de ese adjetivo. Esta amalgama de ideas sugieren un año desordenado, y a ratos lo es, de la misma forma que a ratos uno tiene la sensación de que todo encaja perfectamente. Por suerte, estos últimos momentos duran poco, porque si tuviéramos todo el puzle hecho probablemente estaríamos mirando mal.

 

Lo más peculiar del noviciado es que atisbas los derroteros por los que han ido muchos otros que lo hicieron antes que tú. Es como si vieras un bazar de ‘vidas posibles’ de lo que es ser dominico, para que uno se pregunte cuál le gustaría vivir. La respuesta siempre es la misma: “Ninguna de ellas, aquí no estamos para tener cromos repetidos en la colección”. Esta frase llena de romanticismo (creo) encierra el peligro de lo desconocido; pues vale.

 

“La realidad supera a la ficción”. Es una de las frases que más le habré escuchado al padre Ignacio en mis dos años en Sepahua, cada vez refrendada con la alusión a algún relato de su vida. Relatos de indígenas casi salvajes, relatos de terrorismo maoísta, relatos de viajes inverosímiles. Todo eso, desconocido hata el mismo instante de experimentarlo. Aventuras que, por supuesto, nunca fueron fáciles ni cómodas.

 

No sé qué me encontraré, pero tengo la esperanza ilusionada de que puede ser magnífico.

Anuncios