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Hoy he votado por correo. Cuando el funcionario del mostrador me ha dicho “usted ya ha votado”, le he dado las gracias y me he ido con una buena sonrisa. No en vano, me perdí las generales de 2011 por estar en un lugar donde ni siquiera llegaba el correo.

Alas para la democracia

Mucho nos cuentan de ‘para qué’ votar; básicamente, para infuir en ciertas regulaciones a nivel europeo. Educación, Sanidad, política monetaria, política agraria, política exterior, Internet… son sólo algunas de la lista.

Pero poco nos cuentan de ‘por qué’ votar. Sacando un poco de orgullo corporativo, enfocaré este tema desde una perepectiva dominicana. Para ello, debemos remontarnos a tal día como hoy (17 de mayo) del año 1220, fiesta de Pentecostés. Se celebraba el capítulo general de la Orden de Predicadores, del que saldrían sus constituciones primitivas. Cuatro años antes, Domingo de Guzmán había recibido la aprobación de su Orden; lo primero que había hecho fue dispersar a sus escasos frailes por las mejores universidades europeas para recibir educación. En esos años, la obra había sido fecunda y grandes mentes privilegiadas habían tomado el hábito blanco.

Domingo, como fundador de los Predicadores, llegaba al capítulo con carta blanca dada por Roma. En la primera reunión, suplicó a los frailes que le quitaran del cargo de Maestro de la Orden, a lo que los demás se negaron. Por lo menos, consintieron en que las decisiones se tomaran por todos.

No se trataba de emular a las ‘polis’ griegas en una especie de democracia. Se trataba de un convencimiento mucho más profundo: el Espíritu ilumina a todos los frailes de la Orden, y todos pueden aportar algo en los temas que les afectan. La opinión de cualquier fraile sobre un tema puede abrir nuevos horizontes en las mentes y los corazones de sus hermanos. Entre todos, a través del diálogo, pueden llegar a descubrir la mejor solución a los retos que se plantean para la Orden.

Este principio desembocó en un sistema democrático que de una manera u otra los dominicos siempre mantuvieron. ¿Qué tiene que ver todo esto con las Europeas? Que en el fondo la democracia parte de un principio hermoso; todos los ciudadanos pueden aportar al debate y las decisiones. Votamos sobre cosas que nos conciernen y nos afectan, y si nos escuchamos y nos creemos parte de algo (en este caso Europa) podemos llegar a mejores soluciones. Existirán expertos que darán pautas y orientaciones, a quienes habrá que escuchar más en esos campos. Pero al final, la gran mayoría de decisiones que nos afectan tienen unas bases éticas y morales que todos comprendemos. En la mayor parte de las veces, no existe una solución sólo técnica.

Cada voto vale lo mismo. Eso es porque la opinión de cada persona puede valer lo mismo.

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