Aquel viernes de septiembre me desperté somnoliento, como siempre. Salí a correr, ya lo llamaban ‘running’, y disfruté de una hora junto al río. Mientras amanecía me deleité en los patos que ocasionalmente cazaban algún pez despistado, tragué un par de mosquitos al respirar, y me crucé con los de siempre: el que ya no cumplirá los 70 y le da todos los dias trabajo a sus rodillas, los dos pescadores que lanzan su caña sin cebo para que les dure más la diversión, y la cuadrilla de Maruja que me recuerdan siempre la última del famoso de turno. Esa semana tocaba un futbolista que se había lesionado a principio de temporada.

Lo primero al llegar a casa, por costumbre, conectar el libro electrónico a la omnirred para descargar el periódico del día. Después de la ducha de rigor, desayuné una tostada con tomate y aceite acompañada de un zumo natural y un café con leche. En la portada de ‘El Mensajero Binario’ destacaban el principal tema del consejo de ministros: debatirían un plan para reindustrializar la comarca de Marinallana con la construcción de paneles solares y otras energías renovables. En su editorial, pedían que en el proyecto tuvieran en cuenta en primer lugar a los habitantes de la zona.

En la sección internacional destacaban el nuevo corredor de comercio entre los estados de Israel y el recientemente proclamado de Palestina, además de un proyecto de transferencia tecnológica entre Estados Unidos y Chile. Los primeros enseñarían a los segundos a optimizar sus embarcaciones de pesca. También había una foto a pantalla completa con las X Jornadas interreligiosas entre el Dalai Lama, el Papa Juan XXX de la Iglesia Católica Reunida, y el Gran Imán Alí Al Salam Ibn Muhammad III. Discutirían sobre los mitos de la creación y la necesidad de su custodia.

Deslicé el dedo en la pantalla táctil hasta la sección de sucesos. Un bloque de pisos en Villaseca se había incendiado por un cortocircuito al encender una lavadora y destacaban el trabajo heroico de Don Manuel Montalbán Moro, jefe del parque de bomberos local. Apagó el fuego con una velocidad inusitada gracias a los tres drones que el ayuntamiento había comprado meses antes y que se estrenaban por primera vez. Por salvarse, se salvaron hasta los gatos de la señora del cuarto piso, identificada con las iniciales M.J.G.S, de 43 años.

Seleccióné en el menú índice la programación televisiva, con la esperanza de encontrar algo divertido. Retransmitirían, a partir de las 14 horas en 3D y con impulsos de olor la ceremonia del 10º aniversario del hermanamiento entre las dos coreas.

¡Ya no había noticias como las de antes!

Sonó el teléfono y me desperté: “¡Corre, que hay un tiroteo en la barriada del Príncipe! ¡Llévate la cámara y ya sabes, cuidadito!”. Era mi redactora jefe. Engullí dos galletas maría y tragué un batido de tetrabrik, y mientras arrancaba la moto anhelé que el periodismo se volviera aburrido por necesidad.

PD: Especialmente dedicado a todos mis amigos periodistas.

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