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Estaba recordando hoy y antes. El año pasado ya retomé tímidamente los estudios, pero ahora la cosa empieza a ir en serio. El lunes comenzaba de nuevo la universidad, esta vez con dedicación a tiempo completo y vida de estudiante. Y ahí estaba, siendo el novato de la Facultad, cinco minutos antes de que empezara la primera clase, a la espera de que llegase el grueso del ejército neófito. De la que me libré, pensé, en cuanto vi que los veteranos hacían un pasillo a los nuevos aplaudiendo y jaleando.

Y llegó el profesor. Y empezó a dar esos consejos: “Llevad las cosas al día”, “empezáis un camino de cinco años”, “tenéis que tener una motivación”, “cuidado con las nuevas tecnologías”, “llevad las cosas al día por si no lo había dicho antes”, etc. Claro, un alto porcentaje estaban recién salidos del bachillerato, aunque también es cierto que más de dos y más de tres ya teníamos tablas en el estudio y que los 25 no los vamos a cumplir; porque, ya se sabe, las vocaciones tardías ya no son tardías.

Y pensaba en mis expectativas, y en lo diferente que es. Cuando comencé a estudiar Periodismo se trataba de una facultad civil, de gran tamaño, con más de 100 alumnos en clase. No tenía muy claro si quería estudiar la carrera, y estaba terriblemente agobiado por encontrar alguien con quien compartir los primeros días de carrera universitaria. También ansioso de empezar algunas actividades extracurriculares, especialmente Teatro.

Esta vez cambia la ciudad, ya no estoy en casa de mis padres, sino en una comunidad de frailes, y en un lugar con mucho, muchísimo sol y calor. Ya he pasado por toda una licenciatura así que me pone mucho menos nervioso lo de los exámenes. Tengo claro, clarísimo, el hecho de que quiero estudiar el Bachillerato en Teología aunque sean 4 ó 5 años por delante, y aún más claro el motivo por el cuál quiero hacerlo. Lo que no tengo claro es qué ‘actividades extraacadémicas’ quiero hacer, aunque sí sé qué sentido quiero darles.

Quizá lo que más me llama la atención es la familiaridad. De estar en un lugar donde sólo era un número, ahora incluso vivo con varios profesores, y en las clases somos los suficientes como para que pronto pueda aprenderme todos los nombres (lo que no logré en 4 años de Periodismo). Todos tenemos, o deberíamos tener, un plus vocacional que nos dé un entusiasmo extra.

Por último, lo más importante de todo. En estos años toca reflexionar sobre lo verdaderamente importante, quién es el hombre y quién es Dios, y qué tienen que ver el uno con el otro.

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