Etiquetas

, , , , , ,

De niño quería saberlo todo: Bueno, y ahora también. Sólo que antes creía que era posible, y ahora no. Sin embargo, de haber nacido hace, digamos, 5 siglos, podría haberlo sabido todo. De haber nacido en 1500 podría haber sabido lo suficiente de todas las áreas de conocimiento como para poder hacer descubrimientos en varias de ellas, al igual que hizo Descartes en disciplinas tan diferentes como la física y la filosofía.

Claro que entonces la dificultad quizá hubiera sido otra, porque a ver quién era el listo que se podía permitir pagar libros de todos los grandes pensadores de nuestra cultura. Matizando lo de aprender todo, quizá sería más exacto que hace cinco siglos era posible saber todo lo que la cultura occidental cristiana había acumulado de conocimiento. Pero llegó un día en que tal tarea ya se hizo imposible. Eso se hace evidente a finales del s.XVIII, cuando se empiezan a multiplicar las ciencias, y los matemáticos ya son matemáticos, los físicos ya son físicos, los gramáticos ya son sólo lingüístas… y el esfuerzo para crear las primeras enciclopedias es titánico.

Y desde entonces se ha llegado hasta el hoy, donde es imposible ya no saber todo, sino que ni siquiera es posible saber todo de una ciencia, y hay que especializarse. Mis sensaciones con esta realidad contemporánea son encontradas. La humanidad sabe mucho, muchísimo, pero cada individuo sabe muy poco.

Estamos obligados, lo queramos o no, a renunciar al conocimiento. En mi ordenador puedo almacenar 5.000 libros que sé que jamás leeré en mi vida. Cada vez que elijo uno siento un gran placer por vivir las aventuras que me propone, pero a la vez siento un gran dolor porque dejaré de leer otra obra que podría ser igual o mejor. Me consuelo con la esperanza infundida de haber elegido bien y que mi opción sea más valiosa.

Aunque dedicara toda mi vida al estudio, jamás podría completar todas las carreras universitarias. Pero es que, aunque lo consiguiera, necesitaría másteres, doctorados… De verdad que cada cosa que aprendo me produce una angustia existencial por renunciar a algún saber que ni siquiera puedo intuir pero que, eso sí lo sé, está ahí fuera.

Pero queda una pequeña esperanza: compartir. Semejante acumulación de conocimientos ha dado a la humanidad unas posibilidades ilimitadas. Entre los avances, disponemos ahora de tecnologías de comunicación más efectivas que nunca. En cada campo, sí que hay un persona, o unas pocas, que saben más que las otras, bien localizadas. Ellos deberían, de algún modo, ser consultados cuando haya que emprender una decisión de sus campos a nivel mundial, y no el primer lobista charlatán que pase por la oficina.

En definitiva, aunque yo, con mucho dolor, haya tenido que renunciar a saber casi todo lo que sabe hoy día la humanidad, todos nosotros podríamos beneficiarnos de ese saber colectivo si utilizáramos las herramientas de que disponemos para comunicarnos más efectivamente, algo así como crear una ‘supermente colectiva mundial’. Quizá uno de los verdaderos desafíos de la ciencia para el s.XXI sea organizar todo su conocimiento. Saber darle el uso adecuado a todo ese saber será la manera de que toda esta exponencial acumulación de avances no destruya, sino que construya al ser humano.

Anuncios