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Me encanta leer buenas noticias como una de las que esta semana se volvió viral. Me refiero a la del niño autista de Florida que cumplía 6 años y a cuya fiesta de aniversario no fue ni uno de los 16 invitados, es decir sus compañeros de clase. Ante la situación, la madre del niño, decepcionada, lo mostró en las redes sociales. Y, de repente… ¡sorpresa! Comenzaron a aparecer otros padres con niños, agentes de sheriff del condado, hasta los bomberos le dieron un paseo en su camión. Y así, el sexto cumpleaños de Glenn fue inolvidable.

Esto me ha recordado mucho a la parábola del banquete, esa en la que un rey organiza la boda de su hijo y no viene ni uno de los invitados así que tiene que buscar a quien quiera ir a celebrar tan importante evento. Al final, terminan yendo los que están por los caminos, los que se encuentran con la noticia y dejan lo que sea que estuvieran haciendo para acudir a esa fiesta.

Es significativo que nos comparen el Reino de Dios con una fiesta. Creo que, de algún modo, esa parábola se ha hecho realidad en el cumpleaños de Glenn. Los cumpleaños, además, tienen algo muy especial: se alegran por la vida. Es como decirle a alguien: “Qué bueno que existas, hace años sucedió algo único, y me alegra que estés en mi vida, quiero que siga siendo así”. Eso, en los niños, destaca más. Y por eso decepciona la actitud de sus compañeros de clase, o de los padres de sus compañeros de clase, a quienes parece importarles poco la existencia de un niño autista.

Y nosotros, ¿nos alegramos siempre de la vida de los demás?

Aquí el enlace a la noticia

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