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En el año 2000, los países de la ONU se pusieron ocho objetivos como meta para luchar contra la pobreza: los objetivos del milenio, conocidos como ODM. El año límite era 2015… y aquí estamos. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, la lista de países que han cumplido los objetivos son, casi todos, aquellos que ya los habían cumplido en 2000. Por el contrario, vemos que hay más pobres (sí, también más ricos, y quizá nos lo tengamos que mirar).

Recuerdo, por aquellos años en los que todavía estudiaba Bachiller, cómo se empezó a llevar a cabo aquella campaña ‘Pobreza Cero’. Una campaña que empezó a utilizar Internet para conocerse, pero que sobre todo se transmitió con el boca a boca, a través de iniciativas de muchas ONGs comprometidas con el desarrollo. Eran objetivos considerados ‘de mínimos’ por la ONGs, pero se veía como un comienzo muy bueno. ¡Casi 200 países habían firmado los ODM! Pero una vez más, se demostró que era papel mojado. Parece que todo vale si no hay un FMI o un BM o un BCE que supervise y corte el grifo de la liquidez en caso de incumplimiento: incluso olvidar lo prometido. No debería sorprendernos, porque esa experiencia ya se tenía desde antes con los Derechos Humanos.

Es cierto que algunos países han mejorado en estos 15 años y han despegado económicamente de manera excepcional. La equivocación viene si pensamos que ha sido por una colaboración de la comunidad internacional en su lucha para erradicar la pobreza. En muchos de esos casos ha sido por la llegada de la inversión extractiva en recursos no renovables, como el gas o el petróleo. Explotaciones que han venido, es cierto, gracias a dinero extranjero, pero que han beneficiado mucho más a los inversores que a quienes vivían sobre ese gas, oro, o petróleo. En algunos casos, la existencia de estas riquezas ha sido la excusa para la guerra, con lo cual la situación ha empeorado.odm

Podemos decir que algunos países, sobre todo en Latinoamérica y Asia, han mejorado sus condiciones de vida. Pero otros, muy especialmente en África y Oriente Medio, han sufrido un retroceso inmenso. Situación que en algunos sitios duele más después de ver lo que parecía esperanza en un futuro mejor con el inicio de la llamada ‘Primavera Árabe’. Quizá la historia debería cambiar el nombre de estas revoluciones y llamarlas ‘otoño’, porque lo que ha venido se parece más al invierno que al verano.

Creo que el error parte de la base: los ODM fueron una maravillosa iniciativa, pero encuadrada en un sistema geopolítico y económico en la que era imposible que se dieran. Ahora comenzarán los ‘Objetivos de Desarrollo Sostenible’ (ODS), que por lo poco que he leído son más o menos lo mismo, pero diferente; pero igual.

El problema será el mismo, porque necesitamos una urgente revisión de nuestros valores en el que demos prioridad a lo que importa, y no a lo que no. Claro, que nos han intentado convencer de que los principios éticos son un factor más de la economía de mercado.

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