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Nota: lo que aquí cuento es un relato basado únicamente en mi experiencia personal, con ciertas generalizaciones y en una situación espacio-temporal muy concreta y reducida. Tampoco pretendo presentar un modelo extrapolable a otras realidades sociales. Solo presentar mi testimonio reflexionado y esperar que a alguien le sirva para reflexionar.

Este año tuve en las Umbras de Paradox una experiencia que jamás habría tenido y de la que me gustaría escribir. Para quien no le suene, se trata de cuatro días en Huarte, cerca de Pamplona, donde casi 800 personas nos hemos dedicado a jugar. Tal cual, cuatro días en verano dedicados al ocio puro, duro y creativo, principalmente juegos de rol y juegos de mesa.

La experiencia que quiero contar versa sobre proporciones. El viernes noche, durante un Rol en Vivo de terror, ‘La tormenta del siglo’, los directores de juego se disponían a repartir los papeles cuando se dieron cuenta de que había más jugadoras que jugadores, lo que jamás les había pasado. Así que tres chicas tuvieron que interpretar papeles masculinos, lo que hicieron maravillosamente.

La evolución ha sido inmensa. En los 16 años que llevo jugando a rol he encontrado, poco a poco, más presencia de mujeres. Al principio, la mayoría de las que llegaban eran las novias de algunos, que probaban y les gustaba la cosa de pasar la noche de halloween (perdón, del 31 de octubre) disfrazada de vampiresa y diciendo cosas como: “Uso auspex para leer su aura”. A muchas no les gustaba y no volvían, sin mayor problema.

El caso es que poco a poco empezó a ser más natural lo de encontrar mujeres ya no solo jugando, sino organizando y tomando las riendas del proceso de creación de un rol en vivo, como el sublime ‘La biblioteca’ del sábado pasado. Aun así, todavía en minoría en cuanto a número. Hasta el viernes.

Por un lado, estoy convencido de que en futuras jornadas encontraré un mayor número de mujeres, y que el motivo es precisamente que nadie se preocupa por ello. Nadie se preocupa por hacer partidas de rol ‘paritarias’, ni de organizar charlas sobre el empoderamiento de la mujer en las crónicas de 7ºMar o de la necesidad de la ‘feminización’ de los midiclorianos.

Todo ha sido mucho más natural que eso. Llegar, sentarse, coger un lápiz, rellenar una ficha, preparar unos dados y narrar historias.

Y por terminar con un poco de humor… dentro vídeo.

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