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A modo de ejercicio, he decidido que voy a comentar por aquí algunas de mis impresiones sobre la nueva exhortación apostólica del papa Francisco, fruto de la reflexión del Sínodo de la familia. El tema es importante y el tratamiento respetuoso. Antes de nada, unas consideraciones.

-Una exhortación apostólica es un documento posterior a un sínodo, es decir, una reunión de obispos de todo el mundo que se reúnen para tratar un tema que interesa a la Iglesia.

-Como tal, la exhortación no contradice ni anula lo que han dicho los obispos. Más bien, recoge el trabajo de estos y si acaso añade algunas aportaciones propias del papa.

-Dentro de los documentos que puede firmar un papa los hay de diverso rango en importancia. Una exhortación apostólica es un documento importante; aunque menos que una encíclica, como lo es ‘Laudato Si’.

-Al sínodo acudieron como invitadas varias parejas de laicos, varios matrimonios. Allí dieron sus aportaciones a los padres sinodales. Además, antes del sínodo, el Vaticano repartió a las conferencias episcopales un documento de consulta (que en España ni se olió, ¿quién lo respondería?).

-Como ya hemos indicado, los sinodales con derecho a voto son todos célibes. Que ellos hablen y decidan orientaciones magisteriales sobre la familia no es la situación más deseable.

‘Amoris laetitia’ es un documento largo, de 325 puntos; más ‘Evangelii Gaudium’ y ‘Laudato Si’. De aquí se destaca la importancia y la cantidad de asuntos que preocupan a la iglesia sobre la familia. A lo largo del mismo se van dando diversas afirmaciones, muchas de ellas de manera abierta. A modo de conclusión precipitada, me atrevo a decir que es un texto que a mucha gente dentro de la iglesia va a dejar insatisfecha. Hay quien le achacará falta de firmeza al defender los principios doctrinales, y hay quien le recriminará falta de valentía al establecer avances en la misma doctrina.

Dicho lo cual, resalto las ideas que más me suscita esta exhortación, ‘Amoris laetitia‘.

No todo lo puede resolver el magisterio

Algunos, a un lado y al otro del espectro ideológico de la Iglesia, esperaban que el documento resolviera algunas situaciones. En concreto, se había fijado la batalla en la posibilidad de administrar o no la comunión a los divorciados vueltos a casar. Pues ya desde casi el principio, en el punto 3, se da un aviso.

No todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales. Naturalmente, en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella.

Que en un documento magisterial se reivindique desde el principio una posibilidad de diferentes interpretaciones es bastante reseñable, más teniendo en cuenta lo diferente que ha sido la historia de la Iglesia en ese respecto. Y esto especialmente en los fieles, y en mucha gente que pide unas normas claras a las que atenerse. A veces, sencillamente, no las hay.

Esto se explica más claramente en otros puntos, recurriendo a nada más y nada menos que Santo Tomás. Si los principios generales y las normas son muy claras, cuando uno baja a lo particular, “tanta más indeterminacion hay”.

Gradualidad y misericordia

Varios puntos de ‘Amoris laetitia’ insisten en la misericordia. Insisten en que el ideal de familia que propone la iglesia no hay que imponerlo sino ofrecerlo y animarlo. No se trata de que quienes viven en situaciones que no concuerdan con lo que piensa la iglesia deban ser tachadas o estigmatizadas. Pueden, por supuesto, participar de la vida eclesial. El número 299 es muy claro al respecto: “Su participación puede expresarse en diferentes servicios eclesiales: es necesario, por ello, discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas. Ellos no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia”.

Este párrafo, redactado de manera muy general, podría abrir las puertas, por ejemplo, a que mucha gente bien preparada pudiera ejercer como profesores de religión. Y a muchas otras cosas.

Homosexualidad; mucho que trabajar

El documento se atreve a tratar uno de los temas más relevantes para la realidad de la Iglesia: el trato que se da a las personas homosexuales. El documento, por supuesto, ni se adentra en otro tipo de identidades sexuales como la bisexualidad u otras. Es normal, puesto que hemos de admitir que la Iglesia siempre se toma su tiempo para responder a los desafíos más relevantes. Por otra parte, centrar el debate en este tema habría sido occidentalizar el sínodo y cristianos católicos los hay por todo el mundo. Aunque en Europa y Estados Unidos esto nos parezca algo tremendamente importante, quizá en Guinea Ecuatorial no lo sea tanto a día de hoy.

Dicho esto, al tema se le dedican varios puntos. Lo primero que se hace es pedir que se evite “todo signo de discriminación injusta” (punto 250). Después, en el 251, se reafirma la doctrina tradicional que afirma que la unión entre dos personas del mismo sexo no es asimilable al matrimonio. Llama la atención que en este punto, casi todo es una cita del sínodo, es decir, de lo que han dicho los obispos, no el papa.

Esta es una realidad en la que aún queda mucho por trabajar, reflexionar, y admitir.

Firme en los ideales

La Iglesia lleva desde siempre defendiendo los mismos ideales, se pueden consultar en la Biblia leída a la luz del Nuevo Testamento. También se puede consultar en la vida de muchas personas canonizadas a lo largo de los siglos. Por ello, quien espere encontrar en la exhortación algo que cambie radicalmente lo que piensa la Iglesia se equivoca. A pesar de todo lo que pueda parecer, el mensaje cristiano sobre el amor es más que bueno. El amor entre un hombre y una mujer que se quieren porque sí y son capaces de dar vida es algo demasiado hermoso como para renunciar a ello.

Acertadamente, ‘Amoris laetitia’ insiste en que el amor es un proceso, que un noviazgo y un matrimonio lo es, y que es un proceso que no se basa en un sentimiento de un momento, sino en un proceso. Es el proceso que dura toda la vida y en el que hay momentos mejores y peores. Y sobre todo, como en toda relación humana, esta funciona de verdad cuando uno piensa no en sus propios deseos sino en cómo construir un nosotros.

En ese sentido, los números 123 a 157 podrían ser muy útiles a cualquier persona, creyente o no. También desde el 231 al 240.

Formar a los seminaristas sobre el noviazgo

El otro día leí en un medio digital que la exhortación abre la puerta al celibato opcional. Supongo que se referiría al punto en el que se habla sobre la formación de los futuros sacerdotes sobre la afectividad y la familia. Sería bueno recordar que en la iglesia católica ya existen sacerdotes casados. Unos, los de rito oriental, que tienen de ordinario el celibato opcional (con limitaciones como no llegar a un obispado). Otros, los de rito latino, que proceden de otras iglesias, como la anglicana, y que allí eran sacerdotes casados y siguen siéndolo.

Lo que se dice en la exhortación es que en eso tendrían mucho que decir los sacerdotes de rito oriental, y podrían ser unos buenos educadores. No hay palabra en la exhortación en la que se pueda interpretar que se camina a la eliminación del celibato obligatorio en la iglesia católica latina. Es interesante la preocupación sobre cómo enseñar a los futuros sacerdotes a acompañar familias, pues es indudable que en su actividad pastoral van a ser personas consultadas como referentes en sus comunidades y parroquias.

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