15m

‘Y esta es la prueba gráfica de que estuve ahí’

Cinco años. En 2011 era más joven, con menos mundo bajo mis pies, pero igual de idealista que ahora. Aquel año me había leído ‘Persépolis’ y ‘V de Vendetta. ‘Era un mayo africano, en la periferia de un país en crisis. Tres meses antes había fotografiado con entusiasmo la primavera árabe, que no sabía que se convertiría en invierno. En la redacción de El Faro de Ceuta, algunos veíamos con envidia todo lo que se estaba preparando en el ‘centro’ del país, y pensamos que no había que parar ahí.

Por eso aprovechamos los pocos ratos libres que nos dejaba el dar forma a las páginas del periódico para, tres de nosotros, firmar la primera convocatoria del 15M en aquella ciudad: Ana, Nacho y yo. No teníamos absolutamente ninguna relación con ninguna supraorganización estatal, ni con ‘Democracia Real Ya’, ni con nadie. Solo éramos un puñado de jóvenes que no quería quedarse atrás en algo que, olíamos, podría ser el principio de algo grande. Por supuesto, aunque las tres firmas eran nuestras, en los ‘mentideros’ que frecuentábamos algo así era un clamor.

Recuerdo que vino mucha más gente de la que habíamos pensado. Enseguida un grupito se animó con la cartelería, de un modo tan improvisado como creativo. Especialmente recuerdo el semblante desafiante de Verónica con sus gafas de sol y su ‘Soy peligrosa, educo’.

No sé si hicimos mucho, poco o nada. La verdad es que aquel movimiento tuvo poca vida, sobre todo comparado con otros lugares. Era normal, al ser una ciudad con tantísimo funcionario. La mayoría, hay que decirlo, éramos de fuera, algo normal en una ciudad de este tipo; y en un alto porcentaje, periodistas de diferentes medios locales. No sé si esa tipología social se repitió en otros sitios. Algo sí que hicimos fue contribuir a crear conciencia. Celebrábamos asambleas al aire libre, en el centro de la ciudad, y hablábamos de política en el centro de la ciudad mientras la gente nos mirara y, al menos, se sorprendía. También nos conocíamos entre nosotros y abandonábamos esa sensación que a veces uno tiene de predicar en el desierto.

Nuestra acción más sonada fue en realidad una cosa muy pequeña; mostrar una pancarta en el pleno de investidura tras las elecciones municipales de aquel año. Además, yo ya sabía que a finales de junio abandonaba Ceuta para cruzar el charco por primera vez en mi vida. Alguien me dijo en una reunión: “¿Y te vas a ir con la que has liado?”. Pues sí, y la vida siguió como siempre sigue la vida: con o sin uno.

Un poco de perspectiva

Al principio pensé que todo aquello no había servido para nada. En noviembre de aquel año las elecciones resultaron en todo lo contrario a lo que los ideales del 15M hubieran deseado, y contemplé todo aquello desde una distancia dolorosa. Tampoco había grandes opciones, hay que decirlo.

Sin embargo, defiendo ahora lo que siempre defendí. En aquel movimiento se aglutinaron personas que llevaban muchísimo tiempo luchando socialmente: el 0,7%, el movimiento antiglobalización, la plataforma por una vivienda digna, las manifestaciones contra la guerra de Irak… son algunos ejemplos de todo aquello.

A mi modo de ver, lo más importante de todo eso fue señalar un problema que aún hoy no hemos resuelto: el actual modelo político está caduco. No porque sea malo, sino porque la democracia fue secuestrada por unos poderes que la adoptaron en la Transición y luego al desfiguraron. Lo hicieron cuando dejaron de tener claro que eran representantes del pueblo. Muestra del agotamiento de nuestro modelo político es la situación de bloqueo a la que se ha llegado y el hecho de que en un mes volvamos a votar.

Nada de lo que hicimos fue muy nuevo. Ya Benjamin Constant advertía en París, nada menos que en 1819, que el gobierno representativo era el mejor sistema para la sociedad europea moderna. A la vez, este pensador advertía que los depositarios de la autoridad están deseosos de que el pueblo se olvide de ejercer su labor de control, y las nefastas consecuencias que ello podía tener. Simplemente, era necesario recordar a los políticos que son nuestros empleados, no nuestros jefes.

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