Estoy vivo, que no es poco. Casi todas las personas que viven en Santo Domingo y se desplazan en vehículo están vivas, y parecería un milagro. Hasta ahora, van cuatro trayectos en coche (digo carro), y esto es lo que puedo contar.

Ante todo, la ley del tonelaje; grande, ande o no ande. Esto se traduce en que el que tiene mayor tamaño pasa primero y sólo si él para y te deja pasar, puedes hacerlo: aunque en teoría tengas preferencia. De ahí que haya un gusto por los 4×4 (perdón, jeepeta, pronunciado ‘yipeta’). Es curioso, porque son coches ‘estilo americano’ pero normalmente con cambio de marchas manual. También es curioso que las matrículas están solo detrás, de manera que atropellar a alguien por delante impunemente debe de ser más fácil.

Las señales están de adorno. Las líneas del suelo también. Lo único que no está de adorno son los muros, por eso quizá en algunas vías grandes la mediana es precisamente eso, un muro de cemento para que cruzar sea imposible.

Circular en sentido contrario en vías de sentido único es no solo aceptado sino que se espera de los conductores en caso de que les vaya ahorrar algo de camino.

El cinturón de seguridad… sí, esa cosa, ¿existe?

Que el conductor hable por móvil es normal. Que tu taxista te pida tu teléfono para llamar a una persona con la que tiene que hablar de un negocio y lo haga en marcha no supone ningún problema. Nuestro taxista llamó a un tal Angelo, al que le envío saludos desde aquí.

Si el de delante disminuye levemente la velocidad y tu taxista no hace sonar el claxon ya puedes cambiarte de taxi, hay algo raro en tu chófer.

Las motos (es decir, los ‘motores’); esos vehículos que se cruzan en cualquier momento y lugar poniendo a prueba las leyes de la física y el sentido común.

Y por último, como corolario a la ley del tonelaje, el peatón siempre, siempre, siempre, tiene que pedir permiso a los carros para cruzar: aunque se encuentre en un paso de cebra; aunque el semáforo para el conductor esté en rojo. Teniendo en cuenta lo aplicado a los cambios de sentido, el peatón debe mirar siempre a ambos lados antes de cruzar.

Esas son las reglas para no morir.

Y en la próxima… las voladoras, que merecen un capítulo aparte.

 

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