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anglicismos

Continúo conociendo este bello país, poco a poco. Y después de un mes, hay un tema en la manera de hablar que me parece muy significativa.

El pasado miércoles viajaba en guagua desde El Seibo hasta Santo Domingo. A mi lado se sentó una señora muy simpática, pentecostal, de esas con ganas de hablar. Yo lo agradecí, al fin y al cabo es mejor interactuar con el de al lado que estar dos horas centrados en la wifi del vehículo. En un momento, a mitad de camino, la señora me dice.

– Yo soy norsa.

– Y yo soy Asier.

Y ahí quedó la cosa, hasta que me dijo en otro momento.

– Por cierto, me llamo María Dolores.

– ¿No era norsa?

– Nooo, es que soy enfermera.

“Tate”, pensé, “otro anglicismo”. Estaba claro, nurse aquí está adaptado del inglés.

Santo Domingo está a dos horas y veinte minutos en avión de Miami y a casi nueve horas de Madrid en el mismo medio de transporte. Además, raro es el dominicano o dominicana que no tiene familia cercana en Estados Unidos, ya sea en Miami o Nueva York, o en otros lugares.

Así, por mucho que la lengua hablada sea el castellano, o español, o como queramos llamarlo, el tema de los anglicismos está a la orden del día. Me sé de alguna que otra persona a quien le daría infarto por uso de términos ingleses cuando existen las raíces españolas. Así que, además del ya dicho, hagamos una pequeña lista de lo que me he encontrado en este breve tiempo.

  • Yipeta (lo escribo como se dice). Claramente, un anglicismo proveniente de ‘Jeep’. En español existe ‘4×4 ‘ o, mejor aún, ‘todoterreno’.
  • Wifi, leído ‘guayfai’. Bueno, en España usamos el mismo anglicismo, pero porque se trata en realidad de un nombre comercial que luego se extendió a toda la tecnología. Sólo que en España la pronunciación es ‘güifi’. En realidad, en Latinoamérica es común que se digan las pronunciaciones inglesas.
  • Suape. Estamos hablando de la fregona (swap). Lo más llamativo es que se trata de un invento español. ¿Qué necesidad había de usar el término ‘gringo’? Por tanto, suapear es fregar.
  • Parquear. Aparcar (park)
  • Jamburguer‘ (sólo lo he escuchado hablado, puede que esté escrito). Obviamente, hamburguesa.
  • Mall (pronunciado ‘mol’). Centro comercial
  • Un drink. Una tienda de bebidas (alcohólicas).
  • Hot dog. Aún no he escuchado ‘perrito caliente’. Y dudo que lo escuche.
  • Car wash. Lavadero de coches.

Aclaremos algunas cosas. No estoy en contra de la incorporación de anglicismos a una lengua. Los préstamos lingüísticos son una gran herramienta para que un idioma continúe vivo y evolucione. Tampoco digo que sólo haya anglicismos en República Dominicana, sólo que sí me ha dado la impresión de que había más de los que hasta ahora había escuchado. Una constatación empírica tras la experiencia personal de un mes, que vale lo que vale.

Lo que sí es cierto es que pienso que deberíamos, los hablantes de una lengua, tratar de incorporar palabras que fueran necesarias. Y las que no, pues no. Tenemos en nuestras raíces latinas y griegas herramientas más que de sobra para crear neologismos. Muchas veces no es necesario, pues son palabras que ya existen. Por ejemplo, muchos hablan de ‘parking’ cuando en realidad se refieren a un aparcamiento. El término e-mail está más que generalizado, cuando son correos electrónicos. O, peor aún, he visto escrito ‘inicializando el ordenador’ cuando debería poner ‘iniciando el ordenador’.

A veces incorporamos a nuestra lengua términos cuando podríamos traducirlos fácilmente. Se intentó durante un tiempo decir ‘balompié’ en vez de fútbol pero, ay, no cuajó. Cada vez oigo menos ‘baloncesto’ y más ‘basketball’. Sí hubo un caso exitoso, al menos. Cuando nos quisieron vender las ‘trafic lights’, a alguien se le ocurrió decir ‘semáforo’, utilizando esta vez la raíz griega.

El español, y todas las lenguas, se enfrentan al reto de sobrevivir en este mundo globalizado. Si bien es cierto que el inglés actúa como ‘lingua franca’ de facto en el mundo, que eso vaya en detrimento de otras lenguas tiene sus problemas: cada idioma nos proporciona una estructura de pensamiento y de una cultura, de un pueblo. Lo triste sería que una lengua muriera con su pueblo vivo, ¿no?

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