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Te conozco: eres joven y a veces te cuesta decir que crees. Cada vez que algún que otro obispo abre la boca te dan ganas de hacerte ateo y mandar a la mierda tu voluntariado con ancianos de los sábados por la tarde en esa residencia de las monjas. Pero luego llegas con tu grupo de fe, esos amigos/as de catequesis de toda la vida con los que este año vas a hacer la confirmación, o la hiciste hace poco. Si sobrevisiste a ella y sigues en el grupo, ya tienes mucho con ser todo un joven a contracorriente, como para que ahora, en tu primer año de universidad, tus nuevos compañeros de universidad te hagan bromas sobre ser cristiano y te consideren un infraser supersticioso.

Te voy a ayudar. Aquí tienes una lista de disfraces santos con los que lo puedes petar en Halloween Holywins. Así podrás ir el día 1 de noviembre a la misa de todos los santos orgulloso de haber defendido toda la noche anterior tu fe entre copa y copa de Gin Tonic. Y haber molado más que la horda de Jarlicuins, personaje promotor de la cultura machista y el heteropatriarcado como pocos.

Menos el primero, todos pertenecen a la época del antiguo Imperio Romano. Por mantener la distancia y no hablar de mártires como Santa Edith Stein (Auschwitz), o todos los muertos que está dejando el Daesh. Seguro que no quieres aguar la fiesta a tus amigos yendo con un mono naranja y tu cabeza en los brazos de manera que critiques la situación geopolítica actual mientras el resto sólo quiere emborracharse y ligar.

1. San Pedro de Verona

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Ya sé que no hay un hacha en esta pintura, pero nos hacemos a la idea.

Soy dominico así que tiro para casa. Es el primer mártir de nuestra orden. El hombre, allá por el s.XIII, iba por los segurísimos caminos de Lombardía, al norte de Italia. Le vieron el hábito y el cerquillo y gritaron: “¡A por él, que es católico!”, tras lo cual le asaltaron y clavaron un hacha en la cabeza partiéndosela en dos. Como Negan con Glenn, pero en plan más sangriento y de verdad, no de cómic.

Lo mejor del disfraz. Llevar un hacha en la cabeza mola. El efecto del rojo sobre un hábito blanco queda de lo más gore.

Lo peor del disfraz. Ese cerquillo que te vas a rapar en la cabeza solo tendrá una solución a corto plazo, y es que parezcas un neonazi.

 2. Santa Lucía de Siracusa

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Lucía viene del latín ‘lux’, y por eso parece ser que sus padres le pusieron el nombre a finales del s.III de nuestra era en Sicilia. Estamos, pues, en el Imperio Romano y en una época en la que el cristianismo está extendido pero aún perseguido. Se negó a realizar sacrificios a los dioses paganos, y ahí empezó su martirio. Primero la llevaron a un prostíbulo para ser violada, cosa que según el relato no consiguieron porque “permanecía rígida como una piedra”. Acusada de brujería, trataron de quemarla pero tampoco funcionó. Después le sacaron los ojos. Por último, la decapitaron.

Lo mejor: Ojos en las manos, a lo Laberinto del Fauno

Lo peor: Sin ojos en la cara

3. San Ignacio de Antioquía

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“Sólo quedaron las partes más duras, que fueron recogidas por los hermanos y llevadas como reliquias a Antioquía donde descansan en una cápsula, tesoro inestimable”. Así relataron los testigos del martirio de San Ignacio de Antioquía, uno de tantos cristianos arrojados a los leones. El propio San Ignacio escribía lo siguiente en una carta cuando se dirigía a su condena: “Estoy anhelando las fieras que me están preparadas, y pido que pronto se echen sobre mi. Yo mismo las azuzaré para que me devoren al punto, y no suceda lo que en algunos casos, que amedrentadas no se acercan a sus víctimas. Si no quisieran hacerlo de grado, yo las forzaré. Perdonadme que diga esto: yo sé lo que me conviene. Ahora es cuando empiezo a ser discípulo. Que nada de lo visible o de lo invisible me impida maliciosamente alcanzar a Jesucristo. Vengan sobre mí el fuego, la cruz, manadas de fieras, quebrantamientos de huesos, descoyuntamientos de miembros, trituraciones de todo mi cuerpo, torturas atroces del diablo, sólo con que pueda yo alcanzar a Cristo”.

Lo mejor. Sangre y vísceras por el suelo. ¿No te recuerda un poco a Ramsay Bolton?

Lo peor. Poco práctico.

4. Santa Águeda de Catania

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A la joven la querían enviar a un lupanar allá por Catania (en Sicilia), y se negó porque ya había decidido consagrar su virginidad (“¿Me queréis puta?, pues monja seré”). De todas maneras la llevaron al prostíbulo (parece un motivo recurrente en los martirios femeninos de la época romana) pero allí se mantuvo firme en su propósito. Murió en la persecución de Decio, y la tortura incluyó que le cortaran los pechos.

Lo mejor. Es muy fácil y barato conseguir accesorios para disfraces que son tetas.

Lo peor. Si te pasas de copas, ya verás tú las risas tocando pechos en público, y eso no es muy apropiado.

5. San Juan Bautista

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San Juan Bautista era primo de Jesús, según nos cuentan los Evangelios. Se opuso a Herodes y le cantó las verdades del barquero, lo que no le sentó nada bien. Lo encarceló. Su hija Salomé bailó para él (para Herodes) y éste quedó tan maravillado que le dijo que le daría lo que fuera. Ella pidió la cabeza del Bautista en una bandeja de plata, y el gobernador era un hombre de palabra.

Lo mejor. Llevar tu cabeza como un camarero.

Lo peor. Todos sabemos que los accesorios de un disfraz terminan en la barra de algún bar.

 6. Santa Bárbara

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Esta es la historia que se cuenta del martirio de Santa Bárbara, patrona de mineros y de varias profesiones que implican manejar explosivos. “Fue atada a un potro, flagelada, desgarrada con rastrillos de hierro, colocada en un lecho de trozos de cerámica cortantes y quemada con hierros candentes. Finalmente, el mismo rey Dióscoro la envió al tribunal, donde el juez dictó la pena capital por decapitación. Su mismo padre fue quien la decapitó en la cima de una montaña, tras lo cual un rayo lo alcanzó, dándole muerte también”. Antes, había vivido encerrada en una torre por su padre, precisamente por lo de ser cristiana. Pero como era de buena familia, tenía posibilidades y pudo leer mucho.

Lo mejor. ¡Truenos!

Lo peor. Te tendrás que inventar mucho si quieres que sea un disfraz para esta noche, todas las representaciones iconográficas de esta santa son muy asépticas y no reflejan el relato aquí reproducido.

Disclaimer. Esto no era un artículo serio y aún así seguro que has aprendido algo de unos cuantos santos cristianos (unos más históricos que otros).

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