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Estoy seguro de que muchos estamos de acuerdo en una de las premisas de Donald Trump y sus seguidores: El actual sistema no funciona, hay un ‘stablishment’ (aquí le decimos casta) que debe ser derribado. También es seguro que estamos de acuerdo en cómo las condiciones de vida del ciudadano corriente han empeorado paralelamente al crecimiento de la economía. Por supuesto, en lo que no se puede estar de acuerdo en en los análisis y soluciones facilonas del presidente electo del Imperio. Soluciones que sabemos que no va a llevar a cabo (como lo de salirse de la OTAN y todos los tratados de libre comercio) o que no le va a hacer falta llevar a cabo: Bill Clinton ya construyó un muro en la frontera con México. El movimiento de Trump ha sido astuto, reconozcámoslo: decir a la mayoría que los culpables de su situación son las minorías y ponerlos contra ellos. Así que por lo menos sabemos que el próximo jefe del Imperio no es estúpido. Además, como ha tenido en contra a todo el ‘stablishment’ y aun así se ha impuesto a ellos, va a tener una independencia que jamás habría tenido Clinton.

En este caso, reconozcámoslo: Clinton era la personificación del problema principal de Estados Unidos, y es el dominio por parte de unas élites. Se había vendido como ‘la primera mujer presidenta de los Estados Unidos’. Casualmente, a Cristina Kirchner se nos vendió como ‘la mujer del presidente de Argentina’. Pues miren, Hillary Clinton es también la exmujer de un presidente (que construyó un muro para que no pasen los inmigrantes). Ahora muchos se lamentan de no haber puesto como candidato a Sanders. No sé si este socialdemócrata declarado habría ganado a Trump, vaya usted a saber. Lo mismo tampoco.

El poder que va a tener Trump es limitado. Primero en el tiempo, pues no más de 8 años. Segundo en su extensión, pues dependerá en primer lugar de los otros poderes federales: legislativo y judicial. Y la Cámara de Representantes se renueva entera cada dos años, así que si sus políticas no son convincentes, ahí tendrá su primer revés.

Por otro lado, hay que tener en cuenta, a mi juicio, dos elementos muy importantes. El primero es que ha recibido el apoyo explícito de buena parte de la jerarquía católica y de otras confesiones cristianas: lo ha hecho por un cálculo electoral, pero le ha salido. Por no hablar de que igual no es obligatorio aceptar el derecho al aborto como un axioma de nuestra sociedad.

Un segundo elemento es que el hombre que aboga por “agarrarlas por el coño” como algo natural ha sido votado por el 53% de mujeres blancas. Con esa y con muchas otras perlas misóginas ha sido votado por más mujeres blancas que Clinton, una mujer blanca. Quizá haya quien tenga la tentación de caer en la trampa de decir que esas mujeres están equivocadas y no quieren la igualdad. Yo prefiero suponer que son mujeres libres que han tomado una decisión más que consciente, salvo que me demuestren lo contrario. Y que además sabían que poner a Clinton era, en el fondo, una manera mucho más colaboracionista para que las cosas siguieran igual (y sí, sé que el cambio puede ser a mejor o a peor).

Para terminar, una última consideración. Estas elecciones y sus candidatos son la muestra de un imperio que todavía domina, pero que está en declive. Rusia vuelve a tener relevancia internacional y China, sin decir mucho, está colonizando el planeta poco a poco como las hormigas. Zigmunt Bauman decía hace unos días en una entrevista en El Mundo que estamos en un interregno. Lo que hacíamos ha fracasado y aún no hemos encontrado el nuevo sistema. Bueno, una cosa es seguro. El experimento ‘Trump’ no va a ser la solución, pero por lo menos va a ser un avance para dejar lo anterior y creo de verdad que acelerará encontrar ese nuevo sistema. Y ya saben:

Te esperamos, Lisa.

PD: Hay testigos de que yo era de quienes vaticinaban este resultado 😉

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