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Ayer estuve en Volunfair, promocionando el voluntario de Selvas Amazónicas en el stand de Redes. Una tarde llena de charlas con universitarios que tenían cientos de inquietudes y querían resolverlas.

La mayor parte de gente venía con la pregunta genérica de ‘qué tienes para darme’. Así que yo les trataba de dar la vuelta. Al último grupo al que atendí les pedí que me dijeran por qué querían ser voluntarios. Antes de decir quiénes éramos ni nada, así. “¿Venías a pedir información?, pues lo siento, antes te voy a hacer una pequeña encuesta”.

La primera, sinceramente, no me acuerdo qué escribió exactamente. Pero me gustó mucho porque la idea era que quería conocer otro entorno para poder conocerse.

“Salir de mí misma”, escribió la segunda. Me dejó impactado.

Entonces le tocó el turno a un chico. Dubitativo, me preguntó: “¿Puedo poner algo religioso?”.

“Bueno, en Redes somos 60 ONGs religiosas”, le contesté.

Y entonces escribió algo; no recuerdo la frase exacta, pero fue algo así como: “Para seguir a Cristo entregándome a los demás”. Después de eso, poco iba a decir.

Poco no, les conté en qué consiste el voluntariado misionero de Selvas, y les hablé de varias experiencias, incluida la mía. Quedaron encantados. En general, sentí que los ‘buscadores de voluntariado’ reaccionaban mucho mejor ante experiencias concretas, así que como tenía a mano los boletines misioneros, les fui enseñando algunas experiencias con nombres propios como Mónica, Patricia, Belén, Pedro, o Mayte y Alejandro.

Pero, y esto es lo que más me llamó la atención. Antes de ir esperaba encontrar una cierta hostilidad a la hora de ofrecer una experiencia claramente misionera. Es cierto que lo vi en varios jóvenes a quienes esa realidad les repelía. Pero con otros, muchos más de los que hubiera podido esperar, sucedía al contrario; ese adjetivo, el de ‘misionero’, era el que más les llamaba la atención. Abrían sus ojos como platos y querían saber todo. Además, sentía en muchos de ellos una sensación que no se decía, pero que podría enunciarse como “aquí hay algo especial”.

Y toda esta entrada para decir que a veces pienso que los cristianos estamos en esta sociedad afectados por eso que Elisabeth Noelle-Neumann llamó ‘espiral del silencio’, y que quizá deberíamos ser un poco más conscientes de ello para romper esa barrera autoimpuesta.

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