‘Surcando el Urubamba’, mi primer libro

portadaHoy vengo a hablar del libro que firmamos Rodrigo Rodrich Portugal y un servidor, que se llama ‘Surcando el Urubamba’. (Aviso, ahora el párrafo de menciones) En primer lugar, debo agradecer a Rodrigo Rodrich el trabajo que ha hecho afinando su ojo a la realidad de la selva y sufriéndola en sus carnes. También a Beatriz García Blasco, a quien la maquetación le dio más de un quebradero de cabeza. A Rafael Alonso, gracias a quien el libro ha conseguido un acabado profesional. A José Lava, que no sólo ha hecho el prólogo sino que durante dos años aprendí de él mucho de lo que sé sobre quienes viven en la selva. A Dionisio Nochomi, un motorista con quien navegaría en el infierno si el infierno fuera río, lo mismo diría de Fidian Morales. A fray Ignacio Iráizoz, que tiró del proyecto cuando yo lo daba por perdido. A fray Félix Hernández, que prestó su arte para una portada llena de color, como el río. A Itsaso Sánchez, que me acompañó en casi medio viaje y aguantó con humor la incomprensión cotidiana por el hecho de viajar sola con un hombre sin ser su esposa. A Luis Adauto, con quien surgió la idea de todo esto en una conversación, un diciembre de 2012. A la hermana Meche, quien me prestó el título de su programa en Radio Sepahua.

Y, por supuesto, todo lo que cuento se lo debo a todas y cada una de las personas que a lo largo de mi viaje tuvieron un rato para conversar conmigo. Algunos de ellos, ya ancianos, no han vivido lo suficiente para poder ver esta publicación; tampoco hubieran sabido leerla.

El libro nace de un viaje en canoa que se extendió durante más de un mes a lo largo del río Urubamba y algunos de sus afluentes, en plena amazonía peruana. Este viaje era para mí casi una peregrinación interior, pues un mes después tenía previsto comenzar el noviciado en los dominicos. En definitiva, una manera de sellar dos años en la selva que me cambiaron y a los que debo quien soy. Pero en el libro no cuento mi viaje personal, sino algunos aspectos de la vida en el Urubamba.

¿Qué puede tener de interesante la vida de unos pocos miles de personas ‘perdidas’ en medio de la selva? Pues que una vez más, la situación de los pueblos indígenas es de precariedad ante los intereses económicos de los poderosos. En este caso, los poderosos son el gobierno peruano y algunas multinacionales extractoras de hidrocarburos. La selva tiene una bendición y una maldición: debajo hay una cantidad absurda de gas natural y petróleo. Y quienes allí viven se han visto de la noche a la mañana viviendo con muchas cosas que ni ellos ni nadie comprende del todo.

La situación está cargada de matices, y aquí entra ‘Surcando el Urubamba’. Lo de surcar evoca, antes de nada, la idea de vida, pues solo quien la tiene puede nadar contra la corriente del río. Pero sobre todo este es el nombre del programa radial de la hermana Meche Ravelo en Radio Sepahua, en el que cuenta lo que experimenta en sus paseos por esta comunidad, lo que percibe en sus encuentros con la gente. Para ello utiliza una metodología en tres pasos llamada ‘ver, juzgar, actuar’. En primer lugar, analiza la realidad. Después, pasa lo que ve por el tamiz de su bien amueblada cabeza. Y por último, propone algunas cosas que se pueden hacer para mejorar la realidad, siempre desde la perspectiva del amor. Meche ha sido siempre una inspiración por su alegría y sus ganas de vivir, por su compromiso con quienes viven en la selva. En estas páginas, el compromiso es mirar con cariño al Urubamba.

Si a alguien le interesa, el libro puede adquirirse en el Centro Cultural José Pío Aza (Lima, Perú) y en breve se distribuirá en librerías. También traeremos algunos ejemplares a España, y en cuanto estén avisaré para los interesados en descubrir un poco de ese mundo a medio camino entre la televisión y la magia.

Navegando el río Sepa

Anuncios

“Habla mi idioma”

Yo tratando desde hace semanas de escribir algo decente para mi blog, y me alegran la comida con la noticia de que fray David Martínez de Aguirre OP será el nuevo obispo coadjutor del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado. No puedo más que alegrarme, porque en ese vicariato conocí a la Orden de Predicadores. Y lo hice, sobre todo, gracias a dos personas; una de ellas era el padre David.

Pocos meses después de llegar a Sepahua me fui más de una semana de viaje con él por diferentes comunidades. Aquella vez conocí un mundo nuevo, totalmente ajeno a mí, pero que poco a poco se me hizo muy presente.

Dos años después de ese viaje tuve la ocasión de entrevistare para un libro sobre la selva que se titulará ‘Surcando el Urubamba’ y que pronto saldrá. Sin adelantar nada que no deba, me quedo con una idea de aquella conversación. Un día, hablando con un vecino de la comunidad de Kirigueti, le preguntó: “¿Qué tengo que hacer para ser machiguenga?”. Y la respuesta fue: “Habla mi idioma”. Le costó varios años, pero lo aprendió, y se entiende a la perfección con ellos.

A él y a Ignacio les debo en gran medida el haber podido descubrir mi vocación. Estoy seguro de que le echarán muchísimo de menos en Kirigueti. Estoy seguro que a partir de ahora su implicación será mucho más amplia con otros muchos problemas que necesitan la presencia de una Iglesia cercana en la selva peruana.

Y ya de paso para hacer un poco de propaganda de las misiones, quizá interese ver este programa del año 2009 de ‘Pueblo de Dios’.
fr. David Martínez de Aguirre, OP

Funeral



Funeral, originalmente cargada por Asier Solana Bermejo.

No es agradable escribir sobre el funeral de una joven que no superaba los 18 años. Julia Meléndez iba a terminar su Secundaria en diciembre, pero desde hacía años estaba mal alimentada. El año pasado, recuerda alguno de sus docentes, estaba muy paliducha y faltaba mucho a clase.
Su familia es humilde, vivía con su abuela, a veces no desayunaba, tenían poco que comer. Cuentan sus compañeros que intentaba estudiar, que se esforzaba, pero que no se le quedaba. Participaba en la banda de música del Colegio, y se preparaba para confirmarse.
Pero no pudo. Julia no murió de hambre, pero no comía bien. El diagnóstico médico es que había fallecido por gastritis, pero en este caso no era más que un síntoma de su situación personal y familiar. Llenar la tripa y estar desnutrido son dos realidades que pueden convivir, porque la yuca, el plátano, son gratis. Pero el pescado escasea y la carne es cara de comprar. Las estadísticas dijeron en 2011 que en Sepahua hay un 80 % de desnutrición crónica infantil. Pero las estadísticas tienen caras.
Julia ha muerto por ser pobre y por vivir en un país que tiene mucho dinero pero en el que la riqueza está muy mal repartida.

Sencillamente, es injusto.

Cambio de ciclo

Hoy día, en Radio Sepahua hay 14 programas, con expectativa a que haya 15 dentro de no mucho tiempo. Radio Sepahua tiene un ideario definido por escrito, un proyecto que se renueva anualmente con objetivos. Antes apenas había dos anuncios y casi ningún comunicado, ahora hay por lo menos 7 u 8 anunciantes mensuales en el único programa para el que buscamos publicidad, y los comunicados tienen una tarifa regulada.

 

Hoy día, en Radio Sepahua participan semanalmente más de 20 personas, con edades entre 9 y 50 años más o menos.Tenemos corresponsal en dos comunidades, descentralizando la información del distrito. Emitimos en tres idiomas (español, yine y asháninka). Además, hacemos retransmisiones en directo.

 

Hoy día, tenemos un taller de radio todos los lunes con alumnos de Secundaria, y un programa que se utiliza a modo de formación con alumnos que estudian ‘Guía oficial de Turismo’.

 

Hoy día, Radio Sepahua tiene un logotipo diseñado por un joven de la comunidad, Emilton Shapiama, y pronto tendrá una sintonía compuesta por otro comunero.

 

Hace dos años, cuando llegué a Radio Sepahua, las cifras eran otra, en todos los aspectos bastante menores. No es un gran mérito y no me puedo comparar con nadie porque anteriormenten ningún periodista había estado tanto tiempo al frente de este proyecto.

 

Pienso en todo esto porque llega el momento de dejar Radio Sepahua, y como todo fin de etapa se hace necesario realizar un balance. El 18 de junio se convirtió el día en el que oficialmente dejé de ser el director de Radio Sepahua, responsabilidad que ahora ocupa Beatriz García Blasco. Se trata de una periodista que ha trabajado los últimos cuatro años en El Faro de Ceuta, tres de ellos como jefa de sección. Las malas lenguas dicen que si hubiera seguido trabajando en ese periódico le habrían ‘castigado’ con un ascenso. Además, le acompañará en la tarea, al menos por un tiempo, Itsaso Sánchez, una joven recién licenciada pero que ha aprendido, y a base de bien, sobre radio y edición de sonido y todas esas cosas de las que yo no sé un carajo, y Beatriz no sabe demasiado tampoco.

 

En estos dos años, Sepahua y el Bajo Urubamba se ha demostrado como una realidad muy cambiante. Agua tratada (lo de potable se verá con los análisis), un nuevo colegio y otro que se construirá pronto, una obra de electrificación a punto de ser inaugurada, muchos más foráneos que llegan hasta aquí, o la generalización de los teléfonos celulares hasta para los niños.

 

Pero no todo es maravilloso, la situación política del Bajo Urubamba es débil e inestable, sobre todo a nivel de comunidades nativas y de federaciones de comunidades. Una debilidad que viene por muchos factores de fondo e inmediatos. Sin embargo, el estado de las cosas ha variado y se puede decir que últimamente algunas organizaciones, como el Comité de Gestión del Bajo Urubamba, y varias comunidades, han adquirido un carácter más reivindicativo. La propia Comunidad Nativa de Sepahua ha apartado en septiembre con un conflictoque la dividía en dos, por lo que el ambiente en nuestro distrito es mucho más distendido. Nadie dice que no sea una tregua antes de las elecciones del próximo año.

 

Nuevas empresas llegan, el año pasado Hydrocarbon Exploration (de la que no se oye nada), y este año una empresa china que todavía no dice su nombre pero que anuncia va a extraer madera y trae bajo el brazo 15 millones de soles como inversión inicial.

 

Es la de Sepahua una realidad social de la que me siento privilegiado espectador, no sólo desde la radioemisora, sino desde mi actividad apoyando en el internado, y en el colegio de Secundaria de las Misioneras Dominicas del Rosario, donde el año pasado impartí inglés y este año matemáticas (aquí uno lo mismo para un roto que para un descosido). Experiencias todas las que he vivido que me ayudan a comprender, y mucho, a la gente que vive aquí.

 

Aún me queda guerra que dar en la selva, a partir del domingo comenzaré un viaje por todo el río con la intención de elaborar un diagnóstico periodístico del Bajo Urubamba, que esperemos tomará la forma de libro. En la segunda mitad de este viaje me acompañará un fotógrafo de lo mejor que hay en este país, Rodrigo Rodrich.

Y abajo una foto de la nueva directora ya metidisima en el papel.

Imagen

El padre Lobo nos dejó

Parecía eterno pero no lo era. Así fue como el padre Lobo nos dejó en mayo de 2013, al menos en cuerpo. Tenía ya 88 años, pero en enero había presentado sus memorias y preparaba ya otro libro. Ganas no le faltaban, pero fuerzas sí.

 

Tuve la suerte de conocer al padre Ricardo Álvarez Lobo en septiembre del año pasado, cuando me contó que estaba por publicar sus memorias. Me invitó a la presentación desde ya, y por suerte pude acudir estirando una de mis estancias en Lima. Él me enseñó el archivo que tenía en el Santuario de Santa Rosa, y me dijo que en cuanto llegara el verano lo disfrutaría. Este último verano del hemisferio sur, sin embargo, no lo ha podido disfrutar como él hubiera querido porque tuvo varios problemas de salud.

 

Por aquellas fechas llegaron mis padres a visitarme a Perú, y me regaló dos piezas de cerámica que ya están adornando la casa de mis padres y mi hermano en España.

 

Ricardo Álvarez Lobo llegó un 20 de octubre de 1952 a Sepahua, unos meses después de haber llegado a Lima. Según cuenta en sus memorias, estuvo viajando todo el día con un peque-peque de doce caballos de potencia desde el Sepa hasta el Sepahua, donde le esperaba el padre Francisco Álvarez y varios sepahuinos.

 

Años después, en una época de crisis de las misiones, se fue a París a estudiar antropología, y se doctoró en la Universidad París VII. Y esos conocimientos le valieron para generar toda una teoría antropológica centrada en los pueblos indígenas. En cierta ocasión, el padre Lobo afirmó que para hablar sobre los pueblos indígenas había que vivir cuarenta años con ellos, como él. En parte destapaba una realidad palpable; la antropología del siglo XX ha sido tratada como una ciencia experimental cualquiera en la que los investigadores formulaban una hipótesis y tenían que demostrarla costara lo que costara.

 

En cambio, el padre Lobo ha vivido con ellos y todas sus teorías las ha visto evolucionar por largo tiempo. Una de sus teorías más interesantes es la que afirma que las sociedades indígenas son dinámicas y tremendamente adaptables a las nuevas culturas y al progreso. Eso significa valorar la capacidad de los pueblos originarios de la selva para avanzar por sí mismos, quitando el victimismo o el paternalismo, actitudes que critica duramente. En algunas partes de sus escritos (no me he leído todo, pero sí una buena parte) se podría decir que utiliza una especie de dialéctica marxista al oponer los foráneos que vienen a explotar al indígena con el indígena explotado. Pero no se queda ahí, le da la vuelta y comenta los métodos de respuesta de estas sociedades para sobrevivir a esto.

 

Cuando el padre Lobo llegó a Sepahua, en el año 1952, todavía existía la esclavitud, el tráfico de esclavos, sobre todo niños. Después, se han dado otras formas de explotación que, si bien no eran esclavitud, eran igualmente perjudiciales. Los madereros, por ejemplo. Y luego los petroleros. Por ejemplo, el padre Lobo lideró el asalto al campamento de la compañía Shell en Sepahua. Pero no fue una actuación gratuita, ya que esta compañía había acordado dejar todos los equipamientos de su campamento en Sepahua, y cuando se iba de este lugar, se estaba llevando todo. Así que ayudó a que los pobladores sepahuinos recuperaran lo que era suyo, de una forma u otra.

 

Cuando se creó el distrito de Sepahua, fue el opositor más férreo. Sin embargo, aceptó la alcaldía y aprovechó en su gestión sobre todo para documentar a los indígenas, este había sido el principal objetivo de los misioneros dominicos en el Perú. Que el propio estado los reconociera como ciudadnos. Y tristemente sigue siendo necesario luchar para que el estado peruano reconozca a todos los indígenas como ciudadanos, cosa que no ocurrirá mientras perduren las ‘reservas de indígenas en aislamiento voluntario’. Yo prefiero llamarlas intento fallido y abocado al fracaso de cárceles.

 

No todo l oque hizo el pader Lobo tuvo resultados positivos, pero en lo esencial consiguió, con un carácter fuerte, que varias etnias muy diferentes entre sí convivieran entre ellos y recibieran una educación igual que cualquier peruano. Consiguió que muchos fueran profesionales. Y consiguió refutar desde la antropología a muchos antropólogos que más parecen turistas.

 

Una vida intensa, vivida hasta el último aliento con ganas. Pero esto es un aviso. La muerte del padre Lobo, me atrevo a decir, es un prólogo del rosario de obituarios que será necesario escribir en los próximos veinte años si hablamos de las misiones dominicas en el Perú. Al menos, teniendo en cuenta la edad de la mayoría delos misioneros que se encuentran en esta zona: sólo conozco dos menores de sesenta años. Mucho se ha hecho, pero mucho queda por hacer y sería necesario qque alguien pusiera un medio. ¿O tendremos que empezar ya a escribir la historia de las misiones en el Perú?