Guía práctica para salir el 31 de octubre, tomarte unas copas, no pecar, y vestir mejor que tus amigos paganos

Te conozco: eres joven y a veces te cuesta decir que crees. Cada vez que algún que otro obispo abre la boca te dan ganas de hacerte ateo y mandar a la mierda tu voluntariado con ancianos de los sábados por la tarde en esa residencia de las monjas. Pero luego llegas con tu grupo de fe, esos amigos/as de catequesis de toda la vida con los que este año vas a hacer la confirmación, o la hiciste hace poco. Si sobrevisiste a ella y sigues en el grupo, ya tienes mucho con ser todo un joven a contracorriente, como para que ahora, en tu primer año de universidad, tus nuevos compañeros de universidad te hagan bromas sobre ser cristiano y te consideren un infraser supersticioso.

Te voy a ayudar. Aquí tienes una lista de disfraces santos con los que lo puedes petar en Halloween Holywins. Así podrás ir el día 1 de noviembre a la misa de todos los santos orgulloso de haber defendido toda la noche anterior tu fe entre copa y copa de Gin Tonic. Y haber molado más que la horda de Jarlicuins, personaje promotor de la cultura machista y el heteropatriarcado como pocos.

Menos el primero, todos pertenecen a la época del antiguo Imperio Romano. Por mantener la distancia y no hablar de mártires como Santa Edith Stein (Auschwitz), o todos los muertos que está dejando el Daesh. Seguro que no quieres aguar la fiesta a tus amigos yendo con un mono naranja y tu cabeza en los brazos de manera que critiques la situación geopolítica actual mientras el resto sólo quiere emborracharse y ligar.

1. San Pedro de Verona

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Ya sé que no hay un hacha en esta pintura, pero nos hacemos a la idea.

Soy dominico así que tiro para casa. Es el primer mártir de nuestra orden. El hombre, allá por el s.XIII, iba por los segurísimos caminos de Lombardía, al norte de Italia. Le vieron el hábito y el cerquillo y gritaron: “¡A por él, que es católico!”, tras lo cual le asaltaron y clavaron un hacha en la cabeza partiéndosela en dos. Como Negan con Glenn, pero en plan más sangriento y de verdad, no de cómic.

Lo mejor del disfraz. Llevar un hacha en la cabeza mola. El efecto del rojo sobre un hábito blanco queda de lo más gore.

Lo peor del disfraz. Ese cerquillo que te vas a rapar en la cabeza solo tendrá una solución a corto plazo, y es que parezcas un neonazi.

 2. Santa Lucía de Siracusa

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Lucía viene del latín ‘lux’, y por eso parece ser que sus padres le pusieron el nombre a finales del s.III de nuestra era en Sicilia. Estamos, pues, en el Imperio Romano y en una época en la que el cristianismo está extendido pero aún perseguido. Se negó a realizar sacrificios a los dioses paganos, y ahí empezó su martirio. Primero la llevaron a un prostíbulo para ser violada, cosa que según el relato no consiguieron porque “permanecía rígida como una piedra”. Acusada de brujería, trataron de quemarla pero tampoco funcionó. Después le sacaron los ojos. Por último, la decapitaron.

Lo mejor: Ojos en las manos, a lo Laberinto del Fauno

Lo peor: Sin ojos en la cara

3. San Ignacio de Antioquía

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“Sólo quedaron las partes más duras, que fueron recogidas por los hermanos y llevadas como reliquias a Antioquía donde descansan en una cápsula, tesoro inestimable”. Así relataron los testigos del martirio de San Ignacio de Antioquía, uno de tantos cristianos arrojados a los leones. El propio San Ignacio escribía lo siguiente en una carta cuando se dirigía a su condena: “Estoy anhelando las fieras que me están preparadas, y pido que pronto se echen sobre mi. Yo mismo las azuzaré para que me devoren al punto, y no suceda lo que en algunos casos, que amedrentadas no se acercan a sus víctimas. Si no quisieran hacerlo de grado, yo las forzaré. Perdonadme que diga esto: yo sé lo que me conviene. Ahora es cuando empiezo a ser discípulo. Que nada de lo visible o de lo invisible me impida maliciosamente alcanzar a Jesucristo. Vengan sobre mí el fuego, la cruz, manadas de fieras, quebrantamientos de huesos, descoyuntamientos de miembros, trituraciones de todo mi cuerpo, torturas atroces del diablo, sólo con que pueda yo alcanzar a Cristo”.

Lo mejor. Sangre y vísceras por el suelo. ¿No te recuerda un poco a Ramsay Bolton?

Lo peor. Poco práctico.

4. Santa Águeda de Catania

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A la joven la querían enviar a un lupanar allá por Catania (en Sicilia), y se negó porque ya había decidido consagrar su virginidad (“¿Me queréis puta?, pues monja seré”). De todas maneras la llevaron al prostíbulo (parece un motivo recurrente en los martirios femeninos de la época romana) pero allí se mantuvo firme en su propósito. Murió en la persecución de Decio, y la tortura incluyó que le cortaran los pechos.

Lo mejor. Es muy fácil y barato conseguir accesorios para disfraces que son tetas.

Lo peor. Si te pasas de copas, ya verás tú las risas tocando pechos en público, y eso no es muy apropiado.

5. San Juan Bautista

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San Juan Bautista era primo de Jesús, según nos cuentan los Evangelios. Se opuso a Herodes y le cantó las verdades del barquero, lo que no le sentó nada bien. Lo encarceló. Su hija Salomé bailó para él (para Herodes) y éste quedó tan maravillado que le dijo que le daría lo que fuera. Ella pidió la cabeza del Bautista en una bandeja de plata, y el gobernador era un hombre de palabra.

Lo mejor. Llevar tu cabeza como un camarero.

Lo peor. Todos sabemos que los accesorios de un disfraz terminan en la barra de algún bar.

 6. Santa Bárbara

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Esta es la historia que se cuenta del martirio de Santa Bárbara, patrona de mineros y de varias profesiones que implican manejar explosivos. “Fue atada a un potro, flagelada, desgarrada con rastrillos de hierro, colocada en un lecho de trozos de cerámica cortantes y quemada con hierros candentes. Finalmente, el mismo rey Dióscoro la envió al tribunal, donde el juez dictó la pena capital por decapitación. Su mismo padre fue quien la decapitó en la cima de una montaña, tras lo cual un rayo lo alcanzó, dándole muerte también”. Antes, había vivido encerrada en una torre por su padre, precisamente por lo de ser cristiana. Pero como era de buena familia, tenía posibilidades y pudo leer mucho.

Lo mejor. ¡Truenos!

Lo peor. Te tendrás que inventar mucho si quieres que sea un disfraz para esta noche, todas las representaciones iconográficas de esta santa son muy asépticas y no reflejan el relato aquí reproducido.

Disclaimer. Esto no era un artículo serio y aún así seguro que has aprendido algo de unos cuantos santos cristianos (unos más históricos que otros).

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Reseteo del sistema

Otro viaje, otro visado, otro país. Todo este silencio en los últimos meses no era más que el signo de un terremoto interior que no me dejaba tiempo para mucho más. En última instancia no sé muy bien por qué pero la única manera que se me ha ocurrido para no quedarme bloqueado ha sido la de elevar el nivel de aventura.

No es todo tan bonito; cansa mucho emprender un nuevo viaje para vivir en una nueva ciudad. Me pregunto si seré capaz algún día de asentar la cabeza pues desde que terminé la universidad he vivido en cinco ciudades de tres continentes. Santo Domingo va a ser la sexta. Quizá sea solo lo normal y mi vida esté destinada a esta especie de seminomadismo en el que dejas una parte de ti en cada lugar.

Me pilló por sorpresa, cuando llegué a Valencia dije: “Por fin un lugar en el que voy a quedarme un tiempo, tengo un proyecto para 4 ó 5 años”. La realidad, sin embargo, se encarga de destrozar nuestros planes y me indicó que el mejor camino estaba lejos de este lugar. Un sitio en el que alguna lágrima ha caído al dejarlo, después de todo.

Aun así, hay cierta diferencias. Cuando abandoné Ceuta estaba pletórico, igual que cuando cogí el vuelo que me alejaba de Sepahua. Eran cambios de rumbo importantes en mi vida. Ahora la apuesta es a, por lo menos, no dejar un camino a medias, la apuesta es a volver a encontrarme a ese Asier que devoraba la tecla, los libros, y la vida.

Creo que lo encontraré.

Mientras tanto, me propongo volver a escribir, volver a reflexionar sobre lo que vea a mi alrededor, que me da que va a ser mucho este año.

Algunos apuntes sobre ‘Amoris laetitia’

A modo de ejercicio, he decidido que voy a comentar por aquí algunas de mis impresiones sobre la nueva exhortación apostólica del papa Francisco, fruto de la reflexión del Sínodo de la familia. El tema es importante y el tratamiento respetuoso. Antes de nada, unas consideraciones.

-Una exhortación apostólica es un documento posterior a un sínodo, es decir, una reunión de obispos de todo el mundo que se reúnen para tratar un tema que interesa a la Iglesia.

-Como tal, la exhortación no contradice ni anula lo que han dicho los obispos. Más bien, recoge el trabajo de estos y si acaso añade algunas aportaciones propias del papa.

-Dentro de los documentos que puede firmar un papa los hay de diverso rango en importancia. Una exhortación apostólica es un documento importante; aunque menos que una encíclica, como lo es ‘Laudato Si’.

-Al sínodo acudieron como invitadas varias parejas de laicos, varios matrimonios. Allí dieron sus aportaciones a los padres sinodales. Además, antes del sínodo, el Vaticano repartió a las conferencias episcopales un documento de consulta (que en España ni se olió, ¿quién lo respondería?).

-Como ya hemos indicado, los sinodales con derecho a voto son todos célibes. Que ellos hablen y decidan orientaciones magisteriales sobre la familia no es la situación más deseable.

‘Amoris laetitia’ es un documento largo, de 325 puntos; más ‘Evangelii Gaudium’ y ‘Laudato Si’. De aquí se destaca la importancia y la cantidad de asuntos que preocupan a la iglesia sobre la familia. A lo largo del mismo se van dando diversas afirmaciones, muchas de ellas de manera abierta. A modo de conclusión precipitada, me atrevo a decir que es un texto que a mucha gente dentro de la iglesia va a dejar insatisfecha. Hay quien le achacará falta de firmeza al defender los principios doctrinales, y hay quien le recriminará falta de valentía al establecer avances en la misma doctrina.

Dicho lo cual, resalto las ideas que más me suscita esta exhortación, ‘Amoris laetitia‘.

No todo lo puede resolver el magisterio

Algunos, a un lado y al otro del espectro ideológico de la Iglesia, esperaban que el documento resolviera algunas situaciones. En concreto, se había fijado la batalla en la posibilidad de administrar o no la comunión a los divorciados vueltos a casar. Pues ya desde casi el principio, en el punto 3, se da un aviso.

No todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales. Naturalmente, en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella.

Que en un documento magisterial se reivindique desde el principio una posibilidad de diferentes interpretaciones es bastante reseñable, más teniendo en cuenta lo diferente que ha sido la historia de la Iglesia en ese respecto. Y esto especialmente en los fieles, y en mucha gente que pide unas normas claras a las que atenerse. A veces, sencillamente, no las hay.

Esto se explica más claramente en otros puntos, recurriendo a nada más y nada menos que Santo Tomás. Si los principios generales y las normas son muy claras, cuando uno baja a lo particular, “tanta más indeterminacion hay”.

Gradualidad y misericordia

Varios puntos de ‘Amoris laetitia’ insisten en la misericordia. Insisten en que el ideal de familia que propone la iglesia no hay que imponerlo sino ofrecerlo y animarlo. No se trata de que quienes viven en situaciones que no concuerdan con lo que piensa la iglesia deban ser tachadas o estigmatizadas. Pueden, por supuesto, participar de la vida eclesial. El número 299 es muy claro al respecto: “Su participación puede expresarse en diferentes servicios eclesiales: es necesario, por ello, discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas. Ellos no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia”.

Este párrafo, redactado de manera muy general, podría abrir las puertas, por ejemplo, a que mucha gente bien preparada pudiera ejercer como profesores de religión. Y a muchas otras cosas.

Homosexualidad; mucho que trabajar

El documento se atreve a tratar uno de los temas más relevantes para la realidad de la Iglesia: el trato que se da a las personas homosexuales. El documento, por supuesto, ni se adentra en otro tipo de identidades sexuales como la bisexualidad u otras. Es normal, puesto que hemos de admitir que la Iglesia siempre se toma su tiempo para responder a los desafíos más relevantes. Por otra parte, centrar el debate en este tema habría sido occidentalizar el sínodo y cristianos católicos los hay por todo el mundo. Aunque en Europa y Estados Unidos esto nos parezca algo tremendamente importante, quizá en Guinea Ecuatorial no lo sea tanto a día de hoy.

Dicho esto, al tema se le dedican varios puntos. Lo primero que se hace es pedir que se evite “todo signo de discriminación injusta” (punto 250). Después, en el 251, se reafirma la doctrina tradicional que afirma que la unión entre dos personas del mismo sexo no es asimilable al matrimonio. Llama la atención que en este punto, casi todo es una cita del sínodo, es decir, de lo que han dicho los obispos, no el papa.

Esta es una realidad en la que aún queda mucho por trabajar, reflexionar, y admitir.

Firme en los ideales

La Iglesia lleva desde siempre defendiendo los mismos ideales, se pueden consultar en la Biblia leída a la luz del Nuevo Testamento. También se puede consultar en la vida de muchas personas canonizadas a lo largo de los siglos. Por ello, quien espere encontrar en la exhortación algo que cambie radicalmente lo que piensa la Iglesia se equivoca. A pesar de todo lo que pueda parecer, el mensaje cristiano sobre el amor es más que bueno. El amor entre un hombre y una mujer que se quieren porque sí y son capaces de dar vida es algo demasiado hermoso como para renunciar a ello.

Acertadamente, ‘Amoris laetitia’ insiste en que el amor es un proceso, que un noviazgo y un matrimonio lo es, y que es un proceso que no se basa en un sentimiento de un momento, sino en un proceso. Es el proceso que dura toda la vida y en el que hay momentos mejores y peores. Y sobre todo, como en toda relación humana, esta funciona de verdad cuando uno piensa no en sus propios deseos sino en cómo construir un nosotros.

En ese sentido, los números 123 a 157 podrían ser muy útiles a cualquier persona, creyente o no. También desde el 231 al 240.

Formar a los seminaristas sobre el noviazgo

El otro día leí en un medio digital que la exhortación abre la puerta al celibato opcional. Supongo que se referiría al punto en el que se habla sobre la formación de los futuros sacerdotes sobre la afectividad y la familia. Sería bueno recordar que en la iglesia católica ya existen sacerdotes casados. Unos, los de rito oriental, que tienen de ordinario el celibato opcional (con limitaciones como no llegar a un obispado). Otros, los de rito latino, que proceden de otras iglesias, como la anglicana, y que allí eran sacerdotes casados y siguen siéndolo.

Lo que se dice en la exhortación es que en eso tendrían mucho que decir los sacerdotes de rito oriental, y podrían ser unos buenos educadores. No hay palabra en la exhortación en la que se pueda interpretar que se camina a la eliminación del celibato obligatorio en la iglesia católica latina. Es interesante la preocupación sobre cómo enseñar a los futuros sacerdotes a acompañar familias, pues es indudable que en su actividad pastoral van a ser personas consultadas como referentes en sus comunidades y parroquias.

Hablar de ateísmo en clase de religión

Partamos de un hecho. La religión es una cuestión universal. Con universal me refiero a que afecta de una manera u otra a todos los hombres, sea para adoptar una religión, sea para rechazarlas todas, sea para optar por otros tipos de espiritualidad, sea para decidirse por la indecisión (es decir, agnosticismo).

Ahora ya se oyen campanas electorales sobre quitar la religión de las aulas. Y si no escribo, reviento. Pretendo solo contar mi experiencia en clase de religión, y con ello la de al menos otros treinta jóvenes de mi edad. Una experiencia que posiblemente quede un poco lejos, esperemos convertir el defecto en virtud adoptando la perspectiva.

A lo largo de mi etapa escolar tuve, según recuerdo, tres profesores de religión. Todos sacerdotes claretianos, congregación a la que pertenecía el colegio concertado en el que estudié. Del primero de ellos no tengo un recuerdo significativo.

Del segundo… ay del segundo. De ese sí. De las aburridas clases de religión de los primeros cursos de primaria pasamos a tener un tipo que nos contaba historias… las historias de la Biblia. Nos las contaba y nos las interpretaba, al nivel que se puede para niños de 10-12 años. Aun así, quedó lo suficientemente claro la diferencia entre judíos y cristianos, Antiguo Testamento y Nuevo Testamento, historia y fe… ese tipo de cosas que permiten pensar. En secundaria nos introdujo en la realidad del resto de grandes religiones: sin prejuicios negativos, simplemente acercándonos a otras maneras de vivir la relación con Dios. Gracias a ese profesor, por ejemplo, pude seguir muchas de mis conversaciones en el año y medio que viví en Ceuta y me relacionaba con muchas personas de religión musulmana.

En cuanto al tercero, resaltaré una cosa. Con él estudié el ateísmo, lo que decía la filosofía sobre la religión, tanto filósofos creyentes como no. Incluso llegamos a hablar, en Bachiller, de Marcel, que no es moco de pavo para niños de 16 años. Y recuerdo que por aquella época estaba muy interesado en ese tema y le planté un trabajo sobre el ateísmo marxista, por el que no me acuerdo si recibí un 9 ó un 10.

Igual tuve muchísima suerte con mis profesores de religión, pero de una cosa estoy seguro: no es responsable que un joven de 16 años nunca se haya preguntado seriamente sobre la trascendencia o el sentido de la vida.

Balance y horizonte

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Durante el mes que ahora termina, la pregunta que más veces he escuchado es por el balance. Es normal, puesto que ha supuesto un periodo de mucho cambio, en el que he experimentado varias cosas. Así que ahora viene un post personal ante todo que no tiene más ambición que compartir mi felicidad con el mundo virtual.

1. La realidad supera a la ficción

Es bueno ver que normalmente la realidad es mejor que nuestras expectativas. No siempre, por supuesto, pero sí en el caso de que uno se deje llevar de vez en cuando por los dictados de su conciencia. “Tu corazón es libre, ten el valor de hacerle caso”; por algún motivo, tal frase de una de mis películas favoritas (adivinad cuál es) se me quedó grabada a fuego desde la adolescencia. En los últimos años me he esforzado en aplicarla y no me ha ido del todo mal.

2. Esto va en serio

Si esto de los dominicos fuera una empresa, el noviciado serían las prácticas, el estudiantado el contrato temporal y después el contrato indefinido. Así que el año pasado realicé las prácticas: ese momento en el que haces buena parte de lo que todos tienen que hacer, cara al público no hay gran diferencia, pero al final hay una gran dependencia de la ‘empresa’; dependiendo del jefe, puedes acabar poniendo cafés y haciendo fotocopias o aprendiendo de verdad. He de decir que hay que tener en cuenta que esto es una alegoría, y por tanto hay un cierto grado de inexactitud en la comparación.

Luego uno ‘firma’ el contrato temporal, donde me encuentro. Conforme las etapas avanzan uno va ganando en posibilidades y responsabilidades. El nombre para eso es crecer, algo que me ha sucedido en los últimos meses; el vértigo entra cuando vislumbro todo el camino que queda por delante.

Del contrato indefinido ya hablaré en su momento.

3. Personas

Muchas. Muy buenas. Cada una, una sorpresa de esas que cumplen a la perfección el primer punto. Solo por esto merece la pena todo, porque cada persona que conozco me hace enamorarme más de la vida, del mundo, y de la humanidad. Y no soy ningún ingenuo que piense que todo es color de rosas.

4. Reafirmación

Me faltan kilómetros de río y miles de árboles. Me sobran toneladas de cemento y hasta el agua caliente. No sé explicarlo mejor.

5. Postdata

Dada la situación que habrá a partir de unas horas en España, remarcar que no nos podemos quejar.