Cuando la corrupción llega al sistema educativo

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Reanundo mi blog desde Sepahua con indignación, porque los sepahuinos han sido estafados por Jorge Velásquez Portocarrero y por Comeco. Este último por no cumplir su trabajo con profesionalidad y el primero por no procurar que el segundo lo hiciera, tal y como es su deber.

El 10 de abril de 2012 se puso la primera piedra de la construcción de un nuevo centro educativo en Sepahua. Se trataba de construir un proyecto que llevaba años reclamándose, instalaciones apropiadas para todo el alumnado de la Institución Educativa Padre Francisco Álvarez. Es ésta una escuela que se fuundó en el año 1948 por el propio padre Francisco Álvarez (quien obviamente no le puso su nombre) para dar educación a los indígenas como medio para librarlos de la esclavitud.

El mismo mes de abril, el ingeniero residente de esta obra prometía que para octubre o noviembre el colegio iba a estar terminado. Lo cierto es que se inauguró a finales de diciembre, a todo correr, porque el presidente regional quería ponerse la medallita. Y bien que se la puso, además de una lamentable escena en la que se usó a varias personas con discapacidad para sacarse una foto super-social de la muerte, despuśe de regalarles unas sillas de ruedas.

Literalmente, en su discurso el presidente regional dijo que este colegio contaría con los medios pedagógicos “más avanzados, pizarras acrílicas”. Debe ser por su estatus de loro mayor de la República, diarrea verbal.

En el mes de noviembre se hicieron varias observaciones aa la obra, a sus acabados, etc. Hoy día, todos esos vaticinios se han cumplido. Por eso, siendo hoy lunes, las clases han comenzado en los ambientes provisionales en que se dio clase el año pasado, los antiguos ambientes de Primaria, por supuesto en dos turnos, mañana y tarde. Otra vez las mismas incomodidades que el pasado año.

Los alumnos prodrían haber comenzado las clases sin ningún problema. Hubiera quedado hasta bonito. Pero en este caso la directora del colegio, Luzmila Garay Villegas, ha tomado la decisión de no recibir la obra hasta que se acabe como debe ser. Como está proyectada, sin desperfectos de serie.

No ha sido fácil, ha habido que trasladar todo el mobiliario de las clases nuevas a las viejas, contando con alumnos y padres, además de personal del colegio. Y ahí estamos, ahí se ha comenzado hoy. Por lo menos para este mes de marzo.

Quizá en uno o dos meses los alumnos puedan disfrutar de la última tecnología pedagógica… “pizarras acrílicas”. Quizá al gerente de la subregión de Atalaya, Noé Lozano, le dé por tomar la responsabilidad que tiene y mueva todo. Lo cierto es que, por lo menos, viene mañana martes a Sepahua, interesado por el tema.

No seré yo el que critique que se construya un colegio, pero sí el que critique que no se haga bien, y que se trate a los alumnos y a los padres de familia como basura. Podría usar el argumento o excusa de que es un colegio con mayoría de alumnado indígena, pero sé que eso no importa. Que simplemente hay una cosa que se llama corrupción y que cuando hay de por medio más de cinco millones de soles las manos que los manejan no son limpias. Prueba de ello es todo lo que han dejado a deber a sus trabajadores sepahuinos. Desde luego lo más sorprendente es que con la obra terminada (o algo) no quieran facilitar el expediente, documento en el que se aclaran todas las especificaciones técnicas que debe cumplir la obra. ¿Lo traerán mañana?

Los alumnos del padre Francisco Álvarez quieren un colegio nuevo, pero sobre todo se merecen unas instalaciones dignas.

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Comentario del libro ‘El otro es mi espejo’

presentacion libro
El martes 15 de enero cayó en mis manos un libro titulado ‘El otro es mi espejo: Un Dominico, Misionero y Antropólogo’, escrito por el padre Ricardo Álvarez Lobo, OP a modo de memorias. Recibí el ejemplar de manos del propio autor, junto con una invitación a la presentación del libro, que fue el viernes 18 de enero.
Hace unos días terminé con la lectura de estas más de 500 páginas, todas ellas centradas en un lugar muy claro: Sepahua. Después de cumplir con la obligación de enviar al autor mi comentario, me he decidido a escribir una reseña de este libro en el blog. Un libro marcado por la trayectoria vital e intelectual del padre Ricardo Álvarez Lobo, a quien sus compañeros conocen como ‘El piro’, por la gran implicación que tiene con esta etnia de la amazonía peruana.
Ricardo Álvarez Lobo ha permanecido más de sesenta años en el Perú, cincuenta de ellos en el Bajo Urubamba, para lo que sólo habría que descontar unos pocos años que invirtió en estudiar Antropología en París. Además, habla perfectamente el idioma yine (o piro). De ahí que su voz es ya de por sí toda una autoridad; mientras el resto de antropólogos permanecen un tiempo en las sociedades que estudian, él ha vivido con ellos y ha sido agente de su evolución.
Cuando uno se enfrenta a un libro, si conoce al autor y ha leído previamente algo de él, podría esperarse un texto científicamente muy riguroso y poco amigable, como su serie ‘Sepahua’. Sin embargo, y en línea con su anterior publicación ‘Sepahua: viviendo la esperanza’, este texto es alcanzable por cualquier persona con una formación media. Es accesible en casi toda su extensión, aunque hay algunos pasajes que siguen siendo muy pesados.
Esta transformación en el lenguaje no habría sido posible sin Rafael Alonso, director del Centro Cultural José Pío Aza, gran conocedor de la selva y dedicado a la divulgación de la labor misionera de los dominicos en el Perú.
Sintiéndome privilegiado por contar con el libro antes de la presentación, enseguida comencé con su lectura. Las primeras 160 páginas fueron como la seda, a partir de ahí el libro comenzó a ser un tanto farragoso y hasta que no llegué más o menos a la 300 no recuperé el ritmo, ahí sí hasta el final. Así que, antes de entrar a considerar más detalles, se puede decir que es una obra con un principio muy bueno, capaz de enganchar a cualquier lector a quien le guste la aventura. Después, hay una parte media que decae y aunque está correctamente escrita y cuenta cosas interesantes es un corte negativo. En la última parte del libro sí que empieza a remontar y termina en un buen nivel, aunque sin recuperar el de los primeros capítulos.

Experiencia lectora
La explicación de todo esto es que, en cierta manera, me sentí engañado. Ya en septiembre el padre Ricardo me comentaba que había escrito sus memorias y las iba a publicar, que me invitaría a su presentación (como así fue). Así que cogí el libro con la promesa de leer las memorias de un antropólogo que conoce la selva del Bajo Urubamba como la palma de su mano; y así fue hasta más o menos la página 160. Después, el libro comienza a adentrarse en disquisiciones antropológicas y abandona la estructura narrativa o, por lo menos, la deja en un plano muy sencundario. Nos deja de contar la película de su vida (realmente emocionante) y empieza a contar sus visiones antropológicas. No se trata de que nos cuente reflexiones o estudios poco interesantes, se trata de que de repente el libro cambia de registro y no está plenamente justificado.
Después de varias reflexiones antropológicas, llegan dos de los capítulos que más prometen, los dedicados a los sharanahuas y la experiencia de su contacto con la civilización. Los capítulos nos dan información muy útil pero son prácticamente un corta-pega del boletín Slopa, una revistita escrita por el propio Álvarez en los años 80 en la Misión de Sepahua.
Y por último tenemos varios capítulos en los que el padre Ricardo Álvarez desarrolla los puntos principales de su teoría antropológica, con rigor científico, mientras alterna algunas anécdotas sueltas que le llevaron a pensar en esas mismas teorías. Estos capítulos recuperan el ritmo, pero tienen algunas partes en las que su lectura se hace muy pesada y, definitivamente, no es un tema accesible para el gran público en bastantes de sus páginas.
De estos capítulos me quedo con sus reflexiones sobre la familia yine (o pira). Es el tema mejor estudiado por el padre Ricardo desde el punto de vista científico, pero en algunos puntos se hace de difícil comprensión, precisamente fruto de todos los datos que nos da el libro. En este apartado se relaciona con mitología, con teorías antropológicas, y con otras referencias que dan una visión de matices valiosos.

Qué le falta al libro
Ya hemos comentado algunas cosas que sobran al libro o que lo hacen difícil. Pero lo que le sucede a esta obra es que a quien conoce al padre Ricardo le faltan pasajes, tratándose de unas memorias. Fue el primer alcalde del distrito de Sepahua, tuvo muchas experiencias por el Inuya con los amahuacas y trabó amistad con algunos de ellos, tuvo una destacada actuación en los años 80 cuando la compañía petrolera Shell estuvo en Sepahua y se invadió su campamento… y nada de eso se relata en el libro.

Conclusión
‘El otro es mi espejo’ Merece la pena si uno está interesado en Sepahua, y también si uno está interesado en la historia de los indígenas en Perú en los últimos sesenta años. También merece la pena si uno quiere ampliar sus conocimientos sobre la antropología amazónica. Tiene algunos pasajes difíciles mientras que otros se leen con facilidad.

el otro es mi espejolibro

  • Título: ‘El otro es mi espejo: Un Dominico, Misionero, y Antropólogo’
  • Autor: Ricardo Álvarez Lobo, OP
  • Editorial: Centro Cultural José Pío Aza
  • Páginas: 576
  • Costo: 50 S./