La religión según los medios (11ª edición)

Volvemos con una nueva edición. Los últimos suspiros de abril y el inicio de mayo han dejado noticias más que interesantes sobre la realidad eclesial y religiosa. Esta vez, incluso me atrevo con una ‘no noticia’. A la vez, y para mi tristeza, aviso que el resto del mes de mayo lo dejaré en blanco por eso de la  vida académica. Sigue leyendo

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Algunos apuntes sobre ‘Amoris laetitia’

A modo de ejercicio, he decidido que voy a comentar por aquí algunas de mis impresiones sobre la nueva exhortación apostólica del papa Francisco, fruto de la reflexión del Sínodo de la familia. El tema es importante y el tratamiento respetuoso. Antes de nada, unas consideraciones.

-Una exhortación apostólica es un documento posterior a un sínodo, es decir, una reunión de obispos de todo el mundo que se reúnen para tratar un tema que interesa a la Iglesia.

-Como tal, la exhortación no contradice ni anula lo que han dicho los obispos. Más bien, recoge el trabajo de estos y si acaso añade algunas aportaciones propias del papa.

-Dentro de los documentos que puede firmar un papa los hay de diverso rango en importancia. Una exhortación apostólica es un documento importante; aunque menos que una encíclica, como lo es ‘Laudato Si’.

-Al sínodo acudieron como invitadas varias parejas de laicos, varios matrimonios. Allí dieron sus aportaciones a los padres sinodales. Además, antes del sínodo, el Vaticano repartió a las conferencias episcopales un documento de consulta (que en España ni se olió, ¿quién lo respondería?).

-Como ya hemos indicado, los sinodales con derecho a voto son todos célibes. Que ellos hablen y decidan orientaciones magisteriales sobre la familia no es la situación más deseable.

‘Amoris laetitia’ es un documento largo, de 325 puntos; más ‘Evangelii Gaudium’ y ‘Laudato Si’. De aquí se destaca la importancia y la cantidad de asuntos que preocupan a la iglesia sobre la familia. A lo largo del mismo se van dando diversas afirmaciones, muchas de ellas de manera abierta. A modo de conclusión precipitada, me atrevo a decir que es un texto que a mucha gente dentro de la iglesia va a dejar insatisfecha. Hay quien le achacará falta de firmeza al defender los principios doctrinales, y hay quien le recriminará falta de valentía al establecer avances en la misma doctrina.

Dicho lo cual, resalto las ideas que más me suscita esta exhortación, ‘Amoris laetitia‘.

No todo lo puede resolver el magisterio

Algunos, a un lado y al otro del espectro ideológico de la Iglesia, esperaban que el documento resolviera algunas situaciones. En concreto, se había fijado la batalla en la posibilidad de administrar o no la comunión a los divorciados vueltos a casar. Pues ya desde casi el principio, en el punto 3, se da un aviso.

No todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales. Naturalmente, en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella.

Que en un documento magisterial se reivindique desde el principio una posibilidad de diferentes interpretaciones es bastante reseñable, más teniendo en cuenta lo diferente que ha sido la historia de la Iglesia en ese respecto. Y esto especialmente en los fieles, y en mucha gente que pide unas normas claras a las que atenerse. A veces, sencillamente, no las hay.

Esto se explica más claramente en otros puntos, recurriendo a nada más y nada menos que Santo Tomás. Si los principios generales y las normas son muy claras, cuando uno baja a lo particular, “tanta más indeterminacion hay”.

Gradualidad y misericordia

Varios puntos de ‘Amoris laetitia’ insisten en la misericordia. Insisten en que el ideal de familia que propone la iglesia no hay que imponerlo sino ofrecerlo y animarlo. No se trata de que quienes viven en situaciones que no concuerdan con lo que piensa la iglesia deban ser tachadas o estigmatizadas. Pueden, por supuesto, participar de la vida eclesial. El número 299 es muy claro al respecto: “Su participación puede expresarse en diferentes servicios eclesiales: es necesario, por ello, discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas. Ellos no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia”.

Este párrafo, redactado de manera muy general, podría abrir las puertas, por ejemplo, a que mucha gente bien preparada pudiera ejercer como profesores de religión. Y a muchas otras cosas.

Homosexualidad; mucho que trabajar

El documento se atreve a tratar uno de los temas más relevantes para la realidad de la Iglesia: el trato que se da a las personas homosexuales. El documento, por supuesto, ni se adentra en otro tipo de identidades sexuales como la bisexualidad u otras. Es normal, puesto que hemos de admitir que la Iglesia siempre se toma su tiempo para responder a los desafíos más relevantes. Por otra parte, centrar el debate en este tema habría sido occidentalizar el sínodo y cristianos católicos los hay por todo el mundo. Aunque en Europa y Estados Unidos esto nos parezca algo tremendamente importante, quizá en Guinea Ecuatorial no lo sea tanto a día de hoy.

Dicho esto, al tema se le dedican varios puntos. Lo primero que se hace es pedir que se evite “todo signo de discriminación injusta” (punto 250). Después, en el 251, se reafirma la doctrina tradicional que afirma que la unión entre dos personas del mismo sexo no es asimilable al matrimonio. Llama la atención que en este punto, casi todo es una cita del sínodo, es decir, de lo que han dicho los obispos, no el papa.

Esta es una realidad en la que aún queda mucho por trabajar, reflexionar, y admitir.

Firme en los ideales

La Iglesia lleva desde siempre defendiendo los mismos ideales, se pueden consultar en la Biblia leída a la luz del Nuevo Testamento. También se puede consultar en la vida de muchas personas canonizadas a lo largo de los siglos. Por ello, quien espere encontrar en la exhortación algo que cambie radicalmente lo que piensa la Iglesia se equivoca. A pesar de todo lo que pueda parecer, el mensaje cristiano sobre el amor es más que bueno. El amor entre un hombre y una mujer que se quieren porque sí y son capaces de dar vida es algo demasiado hermoso como para renunciar a ello.

Acertadamente, ‘Amoris laetitia’ insiste en que el amor es un proceso, que un noviazgo y un matrimonio lo es, y que es un proceso que no se basa en un sentimiento de un momento, sino en un proceso. Es el proceso que dura toda la vida y en el que hay momentos mejores y peores. Y sobre todo, como en toda relación humana, esta funciona de verdad cuando uno piensa no en sus propios deseos sino en cómo construir un nosotros.

En ese sentido, los números 123 a 157 podrían ser muy útiles a cualquier persona, creyente o no. También desde el 231 al 240.

Formar a los seminaristas sobre el noviazgo

El otro día leí en un medio digital que la exhortación abre la puerta al celibato opcional. Supongo que se referiría al punto en el que se habla sobre la formación de los futuros sacerdotes sobre la afectividad y la familia. Sería bueno recordar que en la iglesia católica ya existen sacerdotes casados. Unos, los de rito oriental, que tienen de ordinario el celibato opcional (con limitaciones como no llegar a un obispado). Otros, los de rito latino, que proceden de otras iglesias, como la anglicana, y que allí eran sacerdotes casados y siguen siéndolo.

Lo que se dice en la exhortación es que en eso tendrían mucho que decir los sacerdotes de rito oriental, y podrían ser unos buenos educadores. No hay palabra en la exhortación en la que se pueda interpretar que se camina a la eliminación del celibato obligatorio en la iglesia católica latina. Es interesante la preocupación sobre cómo enseñar a los futuros sacerdotes a acompañar familias, pues es indudable que en su actividad pastoral van a ser personas consultadas como referentes en sus comunidades y parroquias.

Para que no te den gato por liebre

“No pienso lo que los medios dicen que pienso”. Es una de las últimas declaraciones que se han publicado del papa Francisco en los medios de comunicación. Creo que es una de las más verdaderas que se han dicho en los últimos años. Lo dice en una entrevista que concedió al diario argentino ‘La Nación’, en el que se remite una y otra vez a lo que ha dejado escrito: la ‘Lumen fidei’ (encíclica redactada a medias con Benedicto XVI) y la ‘Envangelii Gaudium’, la exhortación apostólica que un año después de su publicación sigue en boca de muchos.

La realidad eclesial está viviendo una especie de esquizofrenia informativa. Por un lado, el papa todavía (subrayo el todavía) vive una luna de miel con la mayoría de medios. Por otro lado, en la realidad española se vive una situación de hostilidad crónica frente a la Iglesia. En los medios más importantes se busca publicar las noticias que más remarquen la negatividad de la institución. Incluso cuando se publican reportajes, por ejemplo, de ‘curas buenos’, se hace con vistas a enfrentar esta situación con la de la jerarquía. Lo que es cierto es que la relevancia social de las noticias de la Iglesia ha crecido, en un sentido muchas veces negativo pero a ratos positivo.

Así que mi único objetivo es dar una lista de cinco puntos de sentido común

1. Olvida el titular

Esta parte de la noticia, la más importante, lleva mucho tiempo pervertida en los medios. Sobre todo, desde que se inventaron los rankings de noticias más leídas, de manera que cualquier editor sugiere amablemente un título a su redactor, de manera que sea más atrayente. Esto ya pasaba en el mundo escrito, recuerdo una vez en la que dos personas se pelearon, uno cogió un hacha y le rozó. El titular fue algo así como “hachazo en la espalda”. Y claro, uno imaginándose que le había partido en dos las costillas o algo así, y era un rasguño apenas.

Los titulares juegan con nuestras expectativas y rozan el límite de la verdad. Rara vez mentirán, pero sí acentuarán una parte de la noticia que sea especialmente llamativa. Porque un periódico quiere tu tiempo, y somos muy emocionales en nuestras decisiones. Por tanto, ahí va el primer consejo. Olvídate del titular. ¿Te interesa? Vale, continúa leyendo pero quédate dispuesto a que tus primeras expectativas sean desmonadas por algo mucho más mediocre de lo que pensabas.

2. ‘Presuntamente’

Algunas de las noticias relativas a la Iglesia (y ya de paso a muchas otras cosas) salen a colación de juicios. Informar de un proceso judicial es bueno, muy bueno, y nunca se hace inocentemente. Si se publica es casi siempre porque a una de las partes implicadas le interesa y se lo cuenta al periodista que se recorre todos los días los juzgados.

Aquí sería necesario que en el colegio, al menos en la Secundaria, enseñaran algo sobre los procesos judiciales. Que imputado no es condenado, y que cuando pone presuntamente quiere decir eso, que no se sabe. Muy poca gente se queda con el presuntamente, pero es muy importante. Es la marca de una noticia por la que puedes estar seguro de que hay que mantener la presunción de inocencia. Igualmente con imputado: quiere decir que le van a juzgar por el delito equis, no que ya le han condenado. En estos casos siempre hay medios muy poco profesionales, como el ABC cuando publicó en portada la foto de un hombre con el título ‘La mirada de un asesino’ y luego salió claramente absuelto.

3. Mira las fuentes

Quizá esto debería estar en el número 2 porque es igualmente importante. Un periodista vale lo que valen sus fuentes. Si un medio cita a otro, es mejor ir a ese otro medio. Si en una noticia sólo se cita una parte, signiica que esa parte tiene más interés en la noticia que la otra. Si cita a las dos fuentes, significa que hay un buen trabajo por parte del periodista. Si la fuente es un documento accesible, vete a él.

4. Sobre declaraciones sacadas de contexto

A los periodistas nos encanta utilizar la declaraciones para hacer titulares de esos que en el punto 1 de esta lista poníamos en la lista negra. Por tanto, si ves que el obispo fulano ha dicho tal barbaridad del tema tal, busca el corte entero. Si era una homilía, seguro que está colgada íntegra en internet, por ejemplo. Si es una carta pastoral, es muy probable que Google te la encuentre. Entonces podrás hacerte un juicio mejor. Quizá hasta alguna vez veas que la noticia de verdad recoge el espíritu de lo dicho.

5. No leas los comentarios

Si el tema es polémico, pasa olímpicamente de los comentarios en caso de que leas un medio digital. Son solo un invento para generar tráfico en la web, es el paraíso de los trolls y puedes salir malhumorado sin ninguna necesidad.