Carta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Dudé en escribiros, pero mis tendencias republicanas tienen dos excepciones: el mus y vosotros. Además, creo que sois todo lo que no son los reyes de hoy día, que se parecen mucho más al Herodes que tuvisteis que burlar.

Tengo más de lo que necesito, así que aprovecharé la ocasión para pediros algunas cosas extra. No quiero alargarme demasiado. Sólo quiero que este año os acordéis de todos los jóvenes españoles que han emigrado, yo les llamo exiliados laborales. Viven fuera de la tierra donde se encuentran sus raíces, y no por elección sino por obligación. Algunos trabajan ‘de lo suyo’, y otros demuestran orgullosamente que no somos la generación de ‘ni-nis’, que con una carrera y tres másters no se les caen los anillos por servir cervezas en Dublín o Múnich.

Son jóvenes entre con más de 20 años pero menos de 35 que hace no tanto tiempo pasaban la noche en vela esperando vuestra llegada, que dejaban el zapato lleno de dulces navideños y de ilusiones. Cuando les visitéis, seguramente encontraréis menos comida (la crisis, la crisis) y el calzado roído, como muchos de sus sueños de infancia. Supongo que será difícil, porque antes encontrabais a muchos de estos en otros países con un ánimo mucho mejor, pero eso era cuando existían las becas Erasmus que ya agonizan.

Seguro que podéis adaptaros a los tiempos, al igual que hacen estos emigrantes. Por eso, sólo os voy a pedir dos cosas. Que aquellos que quieran volver, puedan. Y que aquellos que quieran quedarse lejos de su casa, vuelen tan alto como puedan y en el viaje no olviden sus raíces.

Es muy probable que en 2015 encontréis todavía más de aquellos ex niños en lugares lejanos, así que os recomiendo que invirtáis en abrigos para vuestros camellos, que Alemania es muy fría.

 Atentamente,

Asier

 

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Sinfonía de acero

“Acordeón de forma hexagonal u octogonal, de fuelle muy largo y teclados cantantes en ambas caras o cubiertas”. Esa es la definición que la RAE da a la palabra ‘concertina’. De todos los eufemismos que he escuchado en el último año, este es el más sangrante, en todos los sentidos. El vocablo, aunque no figura en el diccionario, sí figura en la jerga militar como un invento que tiene su origen en la I Guerra Mundial. La industria militar siempre tan locuaz para dotar de poesía a la muerte.

 

Sería mucho más ajustado a la realidad usar ‘alambre de espino’ o ‘cuchillas’. Pero son palabras crudas, burdas, crueles y sin más lirismo que la violencia. Qué menos que, en medio de semejante barbarie, tuviéramos el estómago suficiente para tragar con ello. Desde hace unos años, cada vez que escucho una palabra que trata de suavizar la realidad me acuerdo de la neolengua de la que nos habló George Orwell.

 

Puestos a buscar un símil en un campo diferente al militar, en vez de recurrir a las acordeones podríamos irnos a la pesca: arpón no estaría bien, porque esas cuchillas no se conforman con cortar; desgarran. O anzuelo, porque más que ballenas se les trata como a salmones que intentan subir contra corriente a la desesperada.

 

Concertina, así dicho, me suena a que les vamos a recibir con una orquesta sinfónica de bienvenida. Que tras su penoso viaje de varios años les vamos a facilitar empezar de nuevo porque, por mucha crisis que haya, seguimos siendo los ricos (de verdad de la buena). Y entonces veo ese alambre con esas cuchillas en la tele, trazando espirales de muerte infinita, de círculo vicioso que se devora a sí mismo. Erigiendo sobre la tierra el pérfido carbón que trazó una línea el mapa.

 

Y espero alguien que sepa dar la palabra exacta a la realidad, que exhale en su aliento una verdad como yo no sé.