La religión según los medios (10ª edición)

Tenía preparada una entrada con bastantes noticias que he ido recopilando en el último mes, algunas interesantes por sí mismas, otras para ver la labor cuestionable del periodismo (una vez más) a la hora de hablar de ciertos temas. También iba a hablar, otra vez, de lo difícil que es ser cristiano en algunos sitios (un recuerdo para los coptos). Sigue leyendo

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La religión según los medios (1ª edición)

Tras mucho tiempo meditándolo e incluso con algún post ya escrito que borré, me decido a inaugurar esta sección que me propongo que dure al menos este curso académico, hasta mayo. La idea es que todas las semanas comentaré algunas de las noticias que he leído a nivel internacional sobre la Iglesia. Los criterios que utilizaré para seleccionar las noticias serán dos: el de relevancia y el de malentendimiento. El primero es claro, hay noticias muy importantes y tendré ganas de comentarlas. El segundo se trata de que muchas veces las noticias religiosas son mal o muy mal explicadas por parte de los periodistas, que desconocen la organización de la Iglesia y ya no hablemos de la teología. Aunque a veces es peor, porque directamente se trata de una manipulación. Así que de la misma manera que muchos científicos se llevan las manos a la cabeza, me la llevo yo al leer cosas sobre la Iglesia. En fin, quiero aprovechar mi doble condición de periodista y de persona muy metida en el mundo eclesial para tratar de resaltar unas informaciones importantes y aclarar otras.

E incluso si alguien quiere sugerirme (o criticar, o incluso alabar) algo a través de los comentarios, estaría más que encantado.

Así que ahí van las primeras cinco.

1. “Cuatro años de cárcel para seis activistas proaborto por interrumpir una misa es excesivo y desproporcionado”, leído en eldiario.es el 29 de septiembre

http://www.eldiario.es/sociedad/Iglesia-carcel-feministas-interrumpir-aborto_0_563793991.html

El primer caso del que nos ocupamos es uno de los que hablaba de manipulación, más grave si cabe dado que al menos uno de los dos firmantes es una persona que sabe muy bien de lo que habla.

En este caso, empezamos desde el titular. Se entrecomilla sin más. Pues mire, cuando alguien entrecomilla algo, a no ser que sea el titular de una entrevista, lo lógico es que se diga quién afirma lo dicho. Pero aquí se quiere dejar entrever que es una opinión general. Lo más grave de todo es que las declaraciones del titular no salen en ninguna parte del cuerpo de la noticia. Lo que más se acerca es el, atentos, el quinto párrafo de la noticia, en el que se dice textualmente en su segunda frase:

Sònia Domènech, portavoz de las acusadas, califica la petición de la Iglesia de “excesiva y desproporcionada” y enmarca la protesta en el ejercicio de la libertad de expresión

Muy bien, es posible que Domènech dijera la frase textual del titular o una casi igual. Pero desde luego el cuerpo de la noticia no dice lo que el titular dice que dice. En cambio, dada la redacción del cuerpo de la noticia, lo lógico habría sido decir algo así: “El obispado de Mallorca solicita cuatro años de cárcel para las seis activistas proaborto que interrumpieron una misa”.

Podríamos hablar también de las interpretaciones que el lector medio va a hacer a esta noticia, que no son lo que la noticia dice. Basta con leer por encima los comentarios para ver que muchos ya hacen a los activistas en la cárcel sin haberse celebrado el juicio porque lo dice la acusación particular. Miren, cualquier acusación particular va a solicitar en un juicio la máxima pena, y el fiscal solicitará una más baja, cuando no la mínima, por norma general. Y luego el juez decidirá.

La noticia tiene más errores de redacción, en algunos puntos es un despropósito, pero continuemos.

2. Misas por Franco, leído en varios medios.

Pongo el enlace de Levante por ser un periódico local de Valencia que generalmente trata correctamente estos temas.

http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2016/07/18/misa-sufragio-franco-catedral-valencia/1446055.html

Esta ya tiene un tiempo, pero me permito el lujo de comentarla. Cómo no, el 18 de julio alguien había pedido, y pagado, una misa por Franco. Esto causó todo tipo de reacciones entre sectores no creyentes que ni siquiera creen en la misa. El argumento básico era que se trataba de ensalzar al dictador. Y una cosa tengo que admitir, y es que probablemente quedan grupos católicos que también se confunden en eso y lo sientan así.

Sin embargo, una misa por alguien es una cosa totalmente diferente. Se trata de orar por el alma de esa persona para que se pueda salvar. Porque mire, si yo fuera sacerdote y alguien viniera a pedirme una misa por Hitler, la tendría que hacer. Es más, cuanto más pecadores, mejor que haya más misas. Ya en el Nuevo Testamento San Pablo pide que se ore por los gobernantes, que recordamos que en aquella época perseguían a los cristianos por serlo. Y los mártires son un ejemplo de oración en muchos casos por quienes les matan.

Es decir, se puede, y debe, orar por todo el mundo, especialmente por los enemigos y por las personas malas, a ver si Dios les ablanda el corazón. Y si han muerto, pues es bueno orar por ellos también y dejar que Dios decida.

3. Dado a conocer el lema de la Jornada Mundial de las Comunicaciones: “’No temas, porque yo estoy contigo’. Comunicar esperanza y confianza en nuestro tiempo”.Leído en Aciprensa el 29 de septiembre.

https://www.aciprensa.com/noticias/vaticano-anuncia-tema-para-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-2017-51123/

Esta noticia pretende ser más bien de tono positivo. Una de las grandes apuestas del Papa Francisco ha sido la de ‘hacerse entender’ entre el gran público, y en cierta manera lo está consiguiendo. Ha cambiado por completo el equipo de comunicación en el Vaticano este año, y ahora esta noticia.

Desde luego, la Iglesia necesita actualizar su lenguaje.

4. El próximo sínodo de los obispos será sobre los jóvenes. Leído en Religión digital el 6 de octubre.

http://www.periodistadigital.com/religion/juventud/2016/10/06/los-jovenes-protagonistas-del-proximo-sinodo-convocado-por-francisco-religion-iglesia-papa.shtml

En 2018, unos 200 tipos con una media de edad de 65 años (así, a bote pronto y siendo generosos por lo bajo) se reunirán a debatir sobre la fe de los jóvenes. No pasa nada, en el mundo clerical he oído llamar ‘ese chico joven’ a un cura de 50 años.

Supongo que invitarán a jóvenes, espero que sean más que los matrimonios que fueron al sínodo de la familia. Espero que haya también una buena diversidad entre ellos y que les escuchen.

Pero, al menos en el planteamiento de la noticia, tengo poca fe, la verdad. “La falta de vocaciones al sacerdocio o la vida religiosa es, al menos en Europa, uno de los grandes desafíos de la Iglesia católica”. No sé si esto es cosa del autor del artículo o de la nota de prensa oficial pero si este es el marco conceptual con el que se entra al sínodo, nos cargamos de golpe y porrazo la vocación del 99% de los jóvenes, que no es a la vida consagrada (lo que se entiende por ella, es decir, monjas, frailes, etc.) ni al sacerdocio.

Sí he de decir que veo algo muy bueno, y es la preocupación por la juventud. Lo primero que tendrán que hacer los padres sinodales será definir qué es la juventud, y qué notas distintivas tiene: alguien con 25, 30 e incluso 35 años es joven en Europa mientras que en África o en lugares de América, ya con 35 es abuelo. En algunos lugares la juventud ‘no existe’, en el sentido de que se pasa muy rápido de ser niños a ser adultos. En fin, que el trabajo va a ser duro. Creo que va a ser la mayor complicación de este sínodo, el ver la diversidad cultural. ¿Qué tiene en común el momento vital de un joven alemán de 17 años con un refugiado sirio que vive en su ciudad?

Después de definir qué es la juventud, a ver de qué temas hablan. En esa época es en la que uno toma decisiones vitales que le marcan para siempre de manera muy especial y es necesario acompañar. Espero que no solo tomen testimonios de jóvenes sino de profesores, sacerdotes especialistas en acompañamiento, agentes de pastoral juvenil…

Un reto muy grande: la juventud está muy, pero que muy denostada por muchos mayores. Últimamente he tenido que aguantar, y voy a tener que seguir aguantando, diatribas generalizantes contra la juventud

5. (y última) El cardenal Dolan ofrece compensaciones a víctimas de abusos sexuales a cambio de que no denuncien. Leído en Religión digital el 7 de octubre.

http://www.periodistadigital.com/religion/america/2016/10/07/religion-iglesia-eeuu-nueva-york-dolan-compensara-a-victimas-de-abusos-siempre-y-cuando-no-denuncien.shtml

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El cardenal Dolan

Iba a darle a publicar pero pongo esta noticia porque me parece llamativa y aún estoy en shock. Antes de nada, deberíamos ponernos en la piel de la mentalidad capitalista estadounidense. No soy experto, pero por lo que veo, es habitual poner demandas por cualquier cosa y la mayoría se solucionan con dinero. Es decir, dentro de la mentalidad de este país, la propuesta puede llegar a sonar razonable.

Otra cosa es que esa no debería ser la mentalidad cristiana, porque una compensación económica no va a pagar el daño hecho a una persona abusada sexualmente. Creo que llegar a este trato denigra, en primer lugar, a quien lo ofrece. Pero en segundo lugar creo que tampoco habla bien de quien lo acepta, que pone precio a su dignidad.

Ojalá ninguna víctima acepte no denunciar por dinero. Aunque soy consciente de que algunas lo harán. Habrá quien lo haga por no volver a pasar el calvario en un juicio. Habrá quien lo haga porque quiere dinero y ya. Y habrá quien lo haga porque necesita el dinero.

No. Así no. Existe una justicia civil, Estados Unidos es un estado de derecho, y no veo justo que por tener dinero alguien pueda librarse de la cárcel. Si fuera un fiel de su diócesis, cortaría cualquier donación a la Iglesia.

Hablar de ateísmo en clase de religión

Partamos de un hecho. La religión es una cuestión universal. Con universal me refiero a que afecta de una manera u otra a todos los hombres, sea para adoptar una religión, sea para rechazarlas todas, sea para optar por otros tipos de espiritualidad, sea para decidirse por la indecisión (es decir, agnosticismo).

Ahora ya se oyen campanas electorales sobre quitar la religión de las aulas. Y si no escribo, reviento. Pretendo solo contar mi experiencia en clase de religión, y con ello la de al menos otros treinta jóvenes de mi edad. Una experiencia que posiblemente quede un poco lejos, esperemos convertir el defecto en virtud adoptando la perspectiva.

A lo largo de mi etapa escolar tuve, según recuerdo, tres profesores de religión. Todos sacerdotes claretianos, congregación a la que pertenecía el colegio concertado en el que estudié. Del primero de ellos no tengo un recuerdo significativo.

Del segundo… ay del segundo. De ese sí. De las aburridas clases de religión de los primeros cursos de primaria pasamos a tener un tipo que nos contaba historias… las historias de la Biblia. Nos las contaba y nos las interpretaba, al nivel que se puede para niños de 10-12 años. Aun así, quedó lo suficientemente claro la diferencia entre judíos y cristianos, Antiguo Testamento y Nuevo Testamento, historia y fe… ese tipo de cosas que permiten pensar. En secundaria nos introdujo en la realidad del resto de grandes religiones: sin prejuicios negativos, simplemente acercándonos a otras maneras de vivir la relación con Dios. Gracias a ese profesor, por ejemplo, pude seguir muchas de mis conversaciones en el año y medio que viví en Ceuta y me relacionaba con muchas personas de religión musulmana.

En cuanto al tercero, resaltaré una cosa. Con él estudié el ateísmo, lo que decía la filosofía sobre la religión, tanto filósofos creyentes como no. Incluso llegamos a hablar, en Bachiller, de Marcel, que no es moco de pavo para niños de 16 años. Y recuerdo que por aquella época estaba muy interesado en ese tema y le planté un trabajo sobre el ateísmo marxista, por el que no me acuerdo si recibí un 9 ó un 10.

Igual tuve muchísima suerte con mis profesores de religión, pero de una cosa estoy seguro: no es responsable que un joven de 16 años nunca se haya preguntado seriamente sobre la trascendencia o el sentido de la vida.

Mass Effect: literatura, evolución, religión, ética

Han sido tres meses intensos desde el punto de vista lúdico, protagonizados en mi ordenador por la saga Mass Effect. Todo había comenzado como una prueba para ver las prestaciones de mi portátil. Pero me lié y acabé entusiasmado y dedicado a las aventuras del comandante Shepard; con un poco de retraso, pero he jugado la saga entera, y con sus tres partes seguidas, una detrás de otra.

Lo cierto es que ya en la mitad de la segunda parte de esta saga pensé en esta entrada del blog, pero decidí ver la historia hasta el final antes de teclear una sola palabra. Antes de teclear nada, hice una búsqueda rápida por Internet, y obviamente hay más gente que ya se ha dado cuenta de la profundidad del relato que plantea Mass Effect: en este, ese y aquel enlace. Hablan en general de humanismo incluso de similitudes religiosas.

Alerta: a partir de ahora, ‘spoilers’.

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En el centro, comandante Shepard. Alrededor, los principales personajes de Mass Effect

 

Algunas referencias, para empezar

El protagonista de la historia es el comandante Shepard, que puede tratarse tanto de un hombre como de una mujer. Shepard tiene un parecido asombroso a la palabra ‘sheperd’, que en inglés significa ‘pastor’. Podría ser una coincidencia, pero es que en la segunda parte el protagonista es literalmente resucitado con un proyecto llamado ‘Lazarus’ (Lázaro). Por lo menos, la Biblia suena algo entre los autores.

Esta es una obra que bebe, y mucho, de la literatura. Explícita es la referencia a Walt Whitman; qué maravilla que te enamoren recitando eso de ‘Oh! Captain, my captain’. O a Tennyson, del que puedes comprar un libro y regalarlo para iniciar uno de los posibles romances de la tercera parte.

Indudablemente, los creadores de este juego han leído y disfrutado con ‘El Señor de los Anillos’. No deja de ser curioso que sea precisamente un humano, raza desconocida hasta tiempos muy recientes en el mapa político galáctico, el que recibe por casualidad el encargo de salvar la vida orgánica. El encargo, también, de unir junto a él a todas las demás razas galácticas. Los asari son claramente elfas azules (son todas mujeres), y tammbién encontramos otras razas como los volus que tienen un cierto parecido a los enanos. Muy parecido a eso de los hobbits que de repente salen de la comarca y sin que nadie les tome en serio (al principio) terminan salvando la Tierra Media.

Pero la influencia tolkienana se deja notar más en la segunda parte, cuando aparece un ‘Hombre ilusorio’ que recuerda extrañamente a Saruman: ese cuyo poderío ha pasado desapercibido hasta la fecha y cuando le toman en cuenta ya se ha metido tanto en la mente del enemigo que al intentar vencerlo se somete a su voluntad. O el hilo conductor de esta segunda parte, que consiste en formar una especie de ‘Compañía del anillo’ para introducirse en las fauces del enemigo y destruirlo desde dentro. A lo largo de las tres entregas de Mass Effect, la cuestión de quién es un héroe está continuamente presente de un modo sospechosamente similar al de la obra de Tolkien.

De modo más tangencial, una misión secundaria de la segunda parte es literalmente el ‘rescate’ de Robinson Crusoe, aunque en el videojuego la cosa termina mucho peor. Veo también las ‘Crónicas marcianas’ de Ray Bradbury cuando los humanos empiezan a colonizar otros planetas. Y en la batalla final por la supervivencia de la civilización galáctica, las animaciones y el estilo son de ‘La Guerra de los Mundos’ con los segadores sobre el cielo de Londres. Se agradece que por una vez la batalla final no sea en Estados Unidos, aunque ojalá en la siguiente salgan del universo anglosajón.

Otro libro que seguro han leído los guionistas de Mass Effect es ‘Frankenstein’ de Mary W. Shelley. Y si no, que me expliquen a qué viene la historia de los quarianos y los Geth, de la que hablaremos más tarde y que también se inspira en ‘Blade Runner’.

Aprovechando esta última mención que tiene su origen en la letra impresa pero fue conocida por el cine, hablemos del séptimo arte. Eso de las naves y las estrellas y la ciudadela con su consejo galáctico es muy Star Wars. Al igual que ciertos mundos desérticos que combinan casi prehistoria y última tecnología. Y las fauces trilladoras, o si no que se lo digan al gusano gigante que casi devora a los protagonistas de la saga. Quizá estuvieran pensando en Dune (otro que lo pongo en cine pero es también literatura), aunque esto se ve sobre todo en el uso de una sustancia llamada ‘arena roja’ para potenciar los poderes bióticos (léase mágicos) del personal. Una sustancia con la que si te pasas te va de todo menos bien. Frank Herbert la llamó ‘melange’.

Los creadores de esta saga pensarían seguramente en Indiana Jones cuando perfilaron a Liara T’Soni, una arqueóloga que desentraña los más recónditos secretos de civilizaciones antiguas y pasa por todo tipo de aventuras para ello.

Por último, una referencia histórica. Que la nave de Shepard se llame ‘Normandía’ es un curioso guiño histórico a la II Guerra Mundial y la que se considera como una de sus batallas decisivas. Hace que uno se pregunte dónde será necesario desembarcar esta vez bajo el fuego enemigo y con pocas posibilidades de victoria.

Evolución

Tan alto y variado nivel de referencias literarias y cinematográficas (más otras tantas que se me escapan, seguro) tiene que esconder una carga de profundidad filosófica. Por ejemplo, en cuanto a la creación y evolución de la vida. La saga empieza cuando se trata de defender una baliza de la civilización perdida de los proteanos. El nombre de estos seres extintos procede de un término griego y se podría traducir por ‘cambiante’, ‘flexible’, o ‘adaptable’.

El primer descubrimiento respecto a esta civilización es que llegaron unos seres extraños que les causaron la extinción: son los ‘segadores’. Se trata de monstruos robots de proporciones cósmicas que viven escondidos en las profundidades oscuras del universo y cada 50.000 años, milenio arriba milenio abajo, examinan las civilizaciones de la Vía Láctea (aquí la cosa es un poco Cthulhiana). Buscan si hay alguna lo suficientemente avanzada como para crear Inteligencia Artificial dentro de poco. Si es así, comienza la temporada de cosecha de vida orgánica, respetándose las formas primitivas de vida orgánica. Por ejemplo, cuando destruyeron a los proteanos respetaron a los prehistóricos hombres de las cavernas.

¿Por qué lo hacen? Durante casi todo el juego parece que el motivo es una rebelión contra la vida orgánica, del creado contra el creador. Pero el motivo último va mucho más allá. Es una pauta, creada por un ser llamado ‘Catalizador’, a la que éstos sirven como remedio a ese tipo de rebeliones. Al final del juego, el comandante Shepard rompe ese ciclo. El cómo es una decisión del jugador.

Viendo esto, llama la atención un planteamiento: siempre hay un ser superior que crea o controla la vida. Eso va unido con otro planetamiento: la vida creada se rebela contra sus creadores y la cosa suele terminar mal. No se especifica, pero se deduce que los segadores fueron originalmente creados por algún tipo de vida orgánica contra la que se rebelaron. Cabría la pregunta de si la vida orgánica pudo en algún momento ser creada por la vida sintética.

Mass Effect plantea la evolución como un ciclo, pero tan extenso que no es fácil percibirlo para una vida tan corta como la humana y por eso parece lineal. Así se llegan a cometer grandes fallos, pues la compresión del orden universal se escapa a una vida tan pequeña.

A la vez, esta ficción narrativa de rol plantea ese mismo orden galáctico reproducido a escalas más pequeñas. El primer dilema se plantea en el primer juego. Los rachni, una especie de arácnidos inteligentes, han sido dominados por los segadores, y tiempo atrás libraron una guerra de la que hablaré enseguida. Tras liberarlos, tienes la opción de dejarles vivir o exterminarlos. Ambas opciones son arriesgadas y de consecuencias incalculables. En mi caso, les liberé y eso me permitió tenerlos como aliados más adelante, pero sólo después de haberles liberado por segunda vez de la influencia segadora.

Los dilemas evolutivos continúan con los krogan y los salarianos. Los primeros son una especie de ‘trolls’ y los segundos unos anfibios humanoides. Los primeros, primitivos y violentos, fueron utilizados contra los rachni siglos atrás para salvar a la galaxia de esos arácnidos verdes. Los turianos, una raza de guerreros, cambiaron los cuchillos de los krogan por fusiles láser y demás arsenal de última generación. Y cuando terminó la guerra, no se iban a quedar ahí esos brutos. Así que los salarianos, destacados por su ciencia, crearon la genofagia: una enfermedad que sólo permitía nacer vivo un bebé krogan de cada mil. Las consecuencias de este hecho pronto se notaron con los krogan abandonando su civilización, echando a perder su planeta y vendiéndose como mercenarios al mejor postor.

Uno de los personajes que aparecen en la segunda parte es el doctor Mordin Solus. Que digo que a mí lo de Dr. Solus me suena a Dr. Zaius. Es uno de esos sapos salarianos ultrainteligentes cuya misión en la vida fue mutar el virus de la genofagia para que el sistema inmunológico krogan no lo anulase. Es uno de los mayores genios de la evolución y, después de haberla estudiado toda su vida, en uno de los diálogos suelta muy alegremente que es algo tan perfecto y que sigue unas pautas tan maravillosas que tiene que haber un ser superior. Que lo del azar en la evolución, nada de nada. Pero que son intuiciones que no puede demostrar por falta de datos.

Y de repente el Dr. Solus se encuentra con el Dr.Maelon intentando curar la genofagia; se trata de uno que le había ayudado en su trabajo mutando el virus. Es entonces cuando le entran las dudas al personaje y hay que decidir si lo de la genofagia fue un error o no. Qué emotivo hacerle ver que hay esperanza para los krogan y no se puede utilizar eso del ‘precrimen’. Más bonito cuando nuestro entrañable amigo medio-sapo lo admite, se arrepiente y se redime.

Un tercer conflicto es el mito de Frankenstein a escala interestelar. Los quarianos, una raza de tecnología avanzada, consiguen crear inteligencia artificial. Esos robots se llaman Geth, que en su idioma significa ’01’. En cuanto empiezan a dejar de ser meros esclavos y tener libre albedrío, los quarianos se hacen popó en los pantalones y comienzan a exterminarlos; entonces los geth se rebelan, los quarianos huyen y se convierten en nómadas interestelares. Pasan los siglos y los creadores quieren recuperar su mundo de origen exterminando su creación. Aquí entran en el guión dos personajes: Tali y Legión. La primera quariana, el segundo geth. Tienen que solucionar el conflicto de vivir juntos o matarse, y en eso importa muy mucho o que haga el protagonista, comandante Shepard. ¿Exterminas a los geth, a los quarianos, o consigues que se hablen después de 300 años? ¿Hay o no esperanza para una vida común?

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Religión(es)

Mass Effect plantea varios tipos de religiosidades y espiritualidades. En el primer juego de la saga, en la conversación con Ashley Williams, ella confiesa que es creyente. Se le puede responder que uno también lo es, o que no, o ni sí ni no. En caso de que se esté de acuerdo con sus creencias, la respuesta es muy parecida a la que más tarde dará el Dr. Solus: que viendo lo maravilloso que es el Universo tiene que haber algo.

Como argumento no demuestra nada, pero es algo que mucha gente ha pensado a lo largo de la historia y que va casi en contra de lo que es el pensamiento mayoritario hoy día, en el que la ciencia tiene la respuesta para todo y cuanta más de ella se conoce más se aparta la posible existencia de un ser supremo. Es interesante plantear que un mismo argumento pueda defender dos posiciones contrarias.

A lo largo de las misiones, la religiosidad del resto de razas alienígenas se va desarrollando, sobre todo en la segunda y tercera parte. Hay desde creencias chamánicas, las de los krogan, en las que terminas invocando un gusano gigante para destruir uno de eso segadores de estilo cthulhiano, hasta místicas avanzadas como la de los asari. Uno de los personajes principales es una monja guerrera asari (justicar), con un estricto código de conducta y un abandono total a él. En la tercera parte de la saga se descubre que la religión princpal de estos aliens supertecnológicos es en realidad un compendio de conocimientos de la antigua civilización proteana. Vamos, que la religión que parecía más útil es en realidad una cosa que nada tiene que ver con la diosa a la que alaban, sino con otra raza alienígena.

Otro tratamiento especial es el de los drell, una especie que practica un completo dualismo cuerpo-alma, hasta el punto de que los actos del cuerpo no tiene por qué afectar a los del alma si son bajo las órdenes de otro. Un planteamiento muy parecido al de, por cierto, algunos movimientos gnósticos del siglo II y III. La dinámica de la segunda parte te lleva a relacionarte con uno de esos drell, de profesión asesino, que termina confesando cómo le atormena una sola de las muertes que provocó: la que decidió él. Toda una excusa para reflexionar sobre la responsabilidad de nuestros actos. Una vez más, las opciones de diálogo nos dan un variado elenco de valoraciones.

Conforme el guión avanza, se presenta un tema íntimamente relacionado con la religión: la fe. Es especialmente emotivo uno de los discursos finales con el almirante Hackett, el jefe de Shepard en la tercera parte de la saga: “Puedo pagar a un soldado para que luche, pero no para que crea. Pero los que te siguen a ti, creen en ti contra toda posibilidad”. En la segunda parte hay un diálogo maravilloso con un mercenario llamado Zaeed.

Shepard: “¿Cómo sobreviviste a un tiro en la cabeza?”.

Zaeed: “A los que somos cabezones y tenemos algo que hacer no es fácil matarnos. Tú lo sabes bien”.

Shepard se convierte, poco a poco, en un ‘pastor’ de todas las especies galácticas, tras quien el de personas siguen sus pasos como ovejas. Y lo hacen creyendo resto en el éxito contra toda probabilidad.

Ética, responsabilidad y libertad

Si no lo he mencionado suficientemente, vuelvo a recalcarlo. Cada decisión que se toma en Mass Effect puede afectar al desarrollo del juego. Si un personaje muere, no hay bolas de dragón; si una expecie se extingue, nadie ha guardado in extremis una muestra de ADN; si saboteas la cura de un virus que lleva 300 años campando a sus anchas, no vendrá otro a arreglarlo por ti.

Esa lección se aprende al final del primer juego de la saga, en la que tienes que decidir a cuál de tus dos más antiguos camaradas salvar: y es imposible que los dos vivan. El que sobreviva de los dos tendrá un destacado papel en las siguientes dos partes de la saga. El que no, una placa conmemorativa en tu nave espacial. Quizá tengas un idilio amoroso con uno de esos dos personajes; quizá uno te caiga mejor pero sea ‘menos útil’.

Ya se han mencionado antes algunas de las posibles decisiones que tienen que ver con la ética. Es un asunto que se vuelve especialmente molesto en la segunda parte, donde por azares de la resurrección a la que el protagonista es sometido, uno se ve jugando para una organización sospechosa de todo menos regalar piruletas a niños. Y si las regalan, seguro que envenenadas.

Esa organización se llama ‘Cerberus’, tomando el nombre del perro guardián del Hades. Su jefe es el ‘Hombre Ilusorio’. Más que el infierno, lo quieren proteger a la especie humana cueste lo que cueste. Ellos, en vez de destruir a los segadores, pretenden controlarlos. Pero en la primera parte, el villano de turno había intentado lo mismo con un final nada feliz: controlado y asimilado por los segadores. Al final de la colaboración entre el protagonista y Cerberus se presenta el dilema de destruir o no una base llena de segadores. Las consecuencias, tanto en un sentido como en otro, son más que notables.

Precisamente, en ese ‘desembarco’ de la Normandía tras las líneas enemigas es donde se notan muchas decisiones anteriores. ¿Qué has decidido mejorar las prestaciones de tu nave? Más posibilidades de sobrevivir. ¿Que un miembro de tu equipo es leal? Más fácil salvar el cuello. ¿Que decides mandar a ese voluntario a esa tarea de la que es posible que no salga vivo? Es muy posible que no vuelva.

Muchas veces no importa para nada la decisión que se tome, pero se puede valorar de una u otra manera las situaciones, e influir en los compañeros de la aventura. La raza humana ha conocido hace poco al resto de civilizaciones de la galaxia, y uno se ve de repente rodeado de extraterrestres de todo pelo. Eso causa tensiones con algún que otro tripulante de la Normandía. Dos posturas se pueden tomar: decir que hay que aceptar a los aliens como mal menor o aceptar que uno se puede llevar bien con ellos.

Por cierto, la reflexión interracial se plantea narrativamente desde muchos puntos de vista. Algunas razas sufren discriminación. Los teóricamente más avanzados se aparean con otras razas para mejorar su material genético.

El camino hacia el heroísmo

Mass Effect está diseñado con un sistema de juego en el que la ética y la moral influyen. Y resulta crudo cuando por seguir tus valores llegas a perder ventajas significativas contra los segadores.

En términos generales, se te ofrecen dos caminos: ‘rebeldía’ y ‘virtud’. Normalmente hay dos opciones, y una te llevará a un camino o a otro sin más. Pero cuando uno está suficientemente implicado en uno de los caminos es posible tomar una tercera vía heroica, bien al estilo ‘tipo duro’ (rebeldía) o al modo ‘líder carismático’ (virtud). Es decir, a veces no importa sólo qué se hace, sino por qué. Puedes conseguir una lealtad apelando a su heroísmo, pero también puedes hacerlo apelando a la mera necesidad de supervivencia.

Dentro del sistema planteado por un juego, sólo hay una cosa clara: sólo si se es coherente en las decisiones se puede tener una experiencia plena y mostrar la fe necesaria para sortear las dificultades.

En conclusión

Estoy convencido de que si ahora los guionistas de Mass Effect leyeran esto se sorprenderían porque no habrían pensado en algunas cosas que menciona este artículo. Es lo que suele suceder en cualquier obra de arte. Esta ha sido una interpretación muy personal de algunas partes de este juego. De todo lo dicho, me quedo con una cosa: hay que tomar decisiones, y no sólo importa cuáles si tomen, sino los motivos por los que se toman. Que hayan diseñado un juego en el que se llega hasta ese nivel de detalle es digno de alabanza.

Por lo demás, y por ese sistema, se dejan planteados muchos de los temas más profundos de nuestros días, como la religión, la evolución, o la moral. Pero el juego elude dar una respuesta cerrada, sino que plantea posibilidades según el camino que se toma. Pero la única forma de ‘tener éxito’ es tomar un camino.

Mass Effect es, al final, una muestra de que la ciencia ficción en realidad habla del ser humano de hoy día y ese es su principal valor. Valoremos esa imaginación. Es de agradecer que el juego huya del maniqueísmo; para tener una experiencia plena con él, hay que devanarse los sesos y mucho.