Cambio de ciclo

Hoy día, en Radio Sepahua hay 14 programas, con expectativa a que haya 15 dentro de no mucho tiempo. Radio Sepahua tiene un ideario definido por escrito, un proyecto que se renueva anualmente con objetivos. Antes apenas había dos anuncios y casi ningún comunicado, ahora hay por lo menos 7 u 8 anunciantes mensuales en el único programa para el que buscamos publicidad, y los comunicados tienen una tarifa regulada.

 

Hoy día, en Radio Sepahua participan semanalmente más de 20 personas, con edades entre 9 y 50 años más o menos.Tenemos corresponsal en dos comunidades, descentralizando la información del distrito. Emitimos en tres idiomas (español, yine y asháninka). Además, hacemos retransmisiones en directo.

 

Hoy día, tenemos un taller de radio todos los lunes con alumnos de Secundaria, y un programa que se utiliza a modo de formación con alumnos que estudian ‘Guía oficial de Turismo’.

 

Hoy día, Radio Sepahua tiene un logotipo diseñado por un joven de la comunidad, Emilton Shapiama, y pronto tendrá una sintonía compuesta por otro comunero.

 

Hace dos años, cuando llegué a Radio Sepahua, las cifras eran otra, en todos los aspectos bastante menores. No es un gran mérito y no me puedo comparar con nadie porque anteriormenten ningún periodista había estado tanto tiempo al frente de este proyecto.

 

Pienso en todo esto porque llega el momento de dejar Radio Sepahua, y como todo fin de etapa se hace necesario realizar un balance. El 18 de junio se convirtió el día en el que oficialmente dejé de ser el director de Radio Sepahua, responsabilidad que ahora ocupa Beatriz García Blasco. Se trata de una periodista que ha trabajado los últimos cuatro años en El Faro de Ceuta, tres de ellos como jefa de sección. Las malas lenguas dicen que si hubiera seguido trabajando en ese periódico le habrían ‘castigado’ con un ascenso. Además, le acompañará en la tarea, al menos por un tiempo, Itsaso Sánchez, una joven recién licenciada pero que ha aprendido, y a base de bien, sobre radio y edición de sonido y todas esas cosas de las que yo no sé un carajo, y Beatriz no sabe demasiado tampoco.

 

En estos dos años, Sepahua y el Bajo Urubamba se ha demostrado como una realidad muy cambiante. Agua tratada (lo de potable se verá con los análisis), un nuevo colegio y otro que se construirá pronto, una obra de electrificación a punto de ser inaugurada, muchos más foráneos que llegan hasta aquí, o la generalización de los teléfonos celulares hasta para los niños.

 

Pero no todo es maravilloso, la situación política del Bajo Urubamba es débil e inestable, sobre todo a nivel de comunidades nativas y de federaciones de comunidades. Una debilidad que viene por muchos factores de fondo e inmediatos. Sin embargo, el estado de las cosas ha variado y se puede decir que últimamente algunas organizaciones, como el Comité de Gestión del Bajo Urubamba, y varias comunidades, han adquirido un carácter más reivindicativo. La propia Comunidad Nativa de Sepahua ha apartado en septiembre con un conflictoque la dividía en dos, por lo que el ambiente en nuestro distrito es mucho más distendido. Nadie dice que no sea una tregua antes de las elecciones del próximo año.

 

Nuevas empresas llegan, el año pasado Hydrocarbon Exploration (de la que no se oye nada), y este año una empresa china que todavía no dice su nombre pero que anuncia va a extraer madera y trae bajo el brazo 15 millones de soles como inversión inicial.

 

Es la de Sepahua una realidad social de la que me siento privilegiado espectador, no sólo desde la radioemisora, sino desde mi actividad apoyando en el internado, y en el colegio de Secundaria de las Misioneras Dominicas del Rosario, donde el año pasado impartí inglés y este año matemáticas (aquí uno lo mismo para un roto que para un descosido). Experiencias todas las que he vivido que me ayudan a comprender, y mucho, a la gente que vive aquí.

 

Aún me queda guerra que dar en la selva, a partir del domingo comenzaré un viaje por todo el río con la intención de elaborar un diagnóstico periodístico del Bajo Urubamba, que esperemos tomará la forma de libro. En la segunda mitad de este viaje me acompañará un fotógrafo de lo mejor que hay en este país, Rodrigo Rodrich.

Y abajo una foto de la nueva directora ya metidisima en el papel.

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Comentario del libro ‘El otro es mi espejo’

presentacion libro
El martes 15 de enero cayó en mis manos un libro titulado ‘El otro es mi espejo: Un Dominico, Misionero y Antropólogo’, escrito por el padre Ricardo Álvarez Lobo, OP a modo de memorias. Recibí el ejemplar de manos del propio autor, junto con una invitación a la presentación del libro, que fue el viernes 18 de enero.
Hace unos días terminé con la lectura de estas más de 500 páginas, todas ellas centradas en un lugar muy claro: Sepahua. Después de cumplir con la obligación de enviar al autor mi comentario, me he decidido a escribir una reseña de este libro en el blog. Un libro marcado por la trayectoria vital e intelectual del padre Ricardo Álvarez Lobo, a quien sus compañeros conocen como ‘El piro’, por la gran implicación que tiene con esta etnia de la amazonía peruana.
Ricardo Álvarez Lobo ha permanecido más de sesenta años en el Perú, cincuenta de ellos en el Bajo Urubamba, para lo que sólo habría que descontar unos pocos años que invirtió en estudiar Antropología en París. Además, habla perfectamente el idioma yine (o piro). De ahí que su voz es ya de por sí toda una autoridad; mientras el resto de antropólogos permanecen un tiempo en las sociedades que estudian, él ha vivido con ellos y ha sido agente de su evolución.
Cuando uno se enfrenta a un libro, si conoce al autor y ha leído previamente algo de él, podría esperarse un texto científicamente muy riguroso y poco amigable, como su serie ‘Sepahua’. Sin embargo, y en línea con su anterior publicación ‘Sepahua: viviendo la esperanza’, este texto es alcanzable por cualquier persona con una formación media. Es accesible en casi toda su extensión, aunque hay algunos pasajes que siguen siendo muy pesados.
Esta transformación en el lenguaje no habría sido posible sin Rafael Alonso, director del Centro Cultural José Pío Aza, gran conocedor de la selva y dedicado a la divulgación de la labor misionera de los dominicos en el Perú.
Sintiéndome privilegiado por contar con el libro antes de la presentación, enseguida comencé con su lectura. Las primeras 160 páginas fueron como la seda, a partir de ahí el libro comenzó a ser un tanto farragoso y hasta que no llegué más o menos a la 300 no recuperé el ritmo, ahí sí hasta el final. Así que, antes de entrar a considerar más detalles, se puede decir que es una obra con un principio muy bueno, capaz de enganchar a cualquier lector a quien le guste la aventura. Después, hay una parte media que decae y aunque está correctamente escrita y cuenta cosas interesantes es un corte negativo. En la última parte del libro sí que empieza a remontar y termina en un buen nivel, aunque sin recuperar el de los primeros capítulos.

Experiencia lectora
La explicación de todo esto es que, en cierta manera, me sentí engañado. Ya en septiembre el padre Ricardo me comentaba que había escrito sus memorias y las iba a publicar, que me invitaría a su presentación (como así fue). Así que cogí el libro con la promesa de leer las memorias de un antropólogo que conoce la selva del Bajo Urubamba como la palma de su mano; y así fue hasta más o menos la página 160. Después, el libro comienza a adentrarse en disquisiciones antropológicas y abandona la estructura narrativa o, por lo menos, la deja en un plano muy sencundario. Nos deja de contar la película de su vida (realmente emocionante) y empieza a contar sus visiones antropológicas. No se trata de que nos cuente reflexiones o estudios poco interesantes, se trata de que de repente el libro cambia de registro y no está plenamente justificado.
Después de varias reflexiones antropológicas, llegan dos de los capítulos que más prometen, los dedicados a los sharanahuas y la experiencia de su contacto con la civilización. Los capítulos nos dan información muy útil pero son prácticamente un corta-pega del boletín Slopa, una revistita escrita por el propio Álvarez en los años 80 en la Misión de Sepahua.
Y por último tenemos varios capítulos en los que el padre Ricardo Álvarez desarrolla los puntos principales de su teoría antropológica, con rigor científico, mientras alterna algunas anécdotas sueltas que le llevaron a pensar en esas mismas teorías. Estos capítulos recuperan el ritmo, pero tienen algunas partes en las que su lectura se hace muy pesada y, definitivamente, no es un tema accesible para el gran público en bastantes de sus páginas.
De estos capítulos me quedo con sus reflexiones sobre la familia yine (o pira). Es el tema mejor estudiado por el padre Ricardo desde el punto de vista científico, pero en algunos puntos se hace de difícil comprensión, precisamente fruto de todos los datos que nos da el libro. En este apartado se relaciona con mitología, con teorías antropológicas, y con otras referencias que dan una visión de matices valiosos.

Qué le falta al libro
Ya hemos comentado algunas cosas que sobran al libro o que lo hacen difícil. Pero lo que le sucede a esta obra es que a quien conoce al padre Ricardo le faltan pasajes, tratándose de unas memorias. Fue el primer alcalde del distrito de Sepahua, tuvo muchas experiencias por el Inuya con los amahuacas y trabó amistad con algunos de ellos, tuvo una destacada actuación en los años 80 cuando la compañía petrolera Shell estuvo en Sepahua y se invadió su campamento… y nada de eso se relata en el libro.

Conclusión
‘El otro es mi espejo’ Merece la pena si uno está interesado en Sepahua, y también si uno está interesado en la historia de los indígenas en Perú en los últimos sesenta años. También merece la pena si uno quiere ampliar sus conocimientos sobre la antropología amazónica. Tiene algunos pasajes difíciles mientras que otros se leen con facilidad.

el otro es mi espejolibro

  • Título: ‘El otro es mi espejo: Un Dominico, Misionero, y Antropólogo’
  • Autor: Ricardo Álvarez Lobo, OP
  • Editorial: Centro Cultural José Pío Aza
  • Páginas: 576
  • Costo: 50 S./

Sobre la militarización del Bajo Urubamba

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El año 2012 en el Bajo Urubamba comenzó con una minúscula presencia de las Fuerzas Armadas Peruanas (entiéndase Marina, Ejército, FAP y PNP) en Sepahua. Apenas una llamada Base Contra Terrorista de la Marina de Guerra del Perú que se encontraba bajo mínimos en cuanto a efectivos, ya que no había terroristas contra los que luchar en Sepahua. Estamos hablando de que una vez hubo un grupo terrorista en esta zona, pero depusieron las armas y hoy están perfectamente integrados en la sociedad.

El año 2012 en el Bajo Urubamba termina con dos bases de la Marina de Guerra (Sepahua y Camisea) a pleno rendimiento. Una comisaría de la PNP en Sepahua con 40 efectivos, a los que hay que sumar un destacamento de la DIRANDRO (Dirección Anti Drogas), al mando ahora de un capitán y a la espera de encontrar un lugar donde hacer una base en la que se piensan gastar varios millones de dólares. Dinero que vendrá de la DEA (Agencia Antidrogas de Estados Unidos). En Miaría, además, hay otra comisaría de la PNP y 200 efectivos del Ejército Peruano, que serán relevados antes o después por la Marina de Guerra. Tambień existe en Ivochote, nada más cruzar el Pongo de Mainique, al comienzo del Alto Urubamba, otra base de la Marina. Y entre finales de octubre y comienzos de noviembre han llegado a la zona 15 compañías más de la Marina de Guerra del Perú a petición de TGP, una empresa Gubernamental que se encarga del transporte de gas hasta Lima. La presencia militar-policial se encuentra también en los lugares clave, con destacamentos en los campamentos de Malvinas y Nuevo Mundo, centros neurálgicos en el Bajo Urubamba de Pluspetrol y Repsol respectivamente, además de efectivos en el pozo Mipaya, en terreno de la comunidad Nativa de Kirigueti.

Haciendo un cálculo estimativo, suponiendo que una compañía son alrededor de 120 efectivos, en esta zona del Urubamba tenemos ahora 2.500 efectivos entre Policía, Ejército, y Marina. Este cálculo afecta al Alto y Bajo Urubamba, pues esas 15 compañías no se sabe muy bien dónde están, y lo presumible es que se repartan entre las dos zonas brindando seguridad al gasoducto. De estos, en el Bajo Urubamba puede haber más de mil, para una población total de 20.000 habitantes. Por cada 20 civiles, un militar. Repito, son todo cálculos estimativos pues no hay cifras oficiales. Por comparar, en el distrito de Sepahua tenemos 1 médico ejerciendo por cada 2.600 habitantes, y uno de estos facultativos no se dedica nunca a pasar consulta, pues trabaja en acciones de prevención (muy necesarias por otra parte). Habría que sumarle diez días al mes otro médico que se dedica sobre todo a cirujía y ginecología, de manera que tendríamos 1 médico por cada 2.000 habitantes.

Para el próximo año, la presencia militar se pretende aumentar en el Bajo Urubamba. En Sepahua se va a crear una capitanía fluvial, y la Comunidad Nativa ya ha donado toda la orilla del río que han pedido los militares.

¿Qué ha sucedido en este año para que la zona se haya poblado de efectivos de las FFAA?

Los primeros en llegar fueron la PNP. En este caso fue una gestión municipal, con vistas no a traer seguridad ciudadana a Sepahua, que en ese aspecto no se está mal, sino con vistas a traer por fin una oficina bancaria. Pero parece que el Banco de la Nación no está muy por la labor, y ocho meses después no hay ni la más mínima intención. Allá por octubre se dijo que vendrían dos días al mes los del Banco de la Nación (que para eso es público) y a día de hoy nada se sabe de eso.

Ser policía en Sepahua fue, en un primer momento, sencillo o al menos no tan difícil como en una gran ciudad. Hasta que, amigo… los terrucos. O terroristas. Un tal Jaime Antezana, supuesto experto en drogas, de repente ha salido este año de la nada a informar a todos los medios habidos y por haber sobre la presencia terrorista en el Bajo Urubamba. Empezó con una supuesta incursión terrorista. Recuerdo la noche perfectamente; de repente me encontré mi calle llena de marinos que salían a patrullar, de repente en Lima ya sabían que el alcalde había sido secuestrado (estaba en casa tan tranquilo), y a la mañana siguiente dicen que no, que es que los terroristas habían pasado por un barrio que está en la otra orilla del río. Días después pude pasar hasta ese barrio y absolutamente nadie había visto nada. Eso sí, según los reportes de las radios y periódicos nacionales, tenían los testimonios de la gente de la zona (sorprende que no pasaran ningún audio en las radios).

El único testimonio fiable, lo único que además pude recoger grabadora en mano, es el de una vecina de un barrio diferente al del ‘experto’. Esta señora aseguraba haber visto varios tipos de negro con armas algunos de ellos desembarcar y salir por la calle.

Si una semana antes de este lío la base de la Marina estaba condenada a su desaparición, de repente empezaron a llegar efectivos. En aviones de carga llegaron como doscientos soldados que salieron a toda prisa hasta la comunidad nativa de Miaría. El general de turno pidió ‘discreción’ para que la gente no se enterara. El general pidió discreción realizando los movimientos a la vista de todo el pueblo. Este es el contingente de 200 soldados que será relevado por la Marina.

Poco después llegaron más policías, y poco después llegó la DIRANDRO (Dirección anti drogas). Esta unidad llegó después de que anduvieran por Sepahua miembros de Inteligencia de la Policía que se encargaron de realizar las pesquisas necesarias. Sobre los resultados, ya publiqué un post en este blog tras entrevistar en la Radio al teniente Buendía, en el que se decía que desde luego no habían pasado los terroristas por Sepahua y que todo esto se podía deber a intereses, políticos, económicos, o de otro tipo. Aunque nadie lo dijo, es de suponer que se dieron cuenta de toda la droga que pasa por Sepahua y por eso trajeran a la DIRANDRO. Esta unidad es un cuerpo de élite que son paracaidistas, y se les conoce como ‘Los Sinchis’.

Así como sucedió en Sepahua y en Miaría, comenzaron a llegar militares a los diferentes puntos del Urubamba. Entonces llegó desde Pucallpa, la capital de la región, el almirante Jorge Millones, que este año ha pasado un par de veces por la zona, mientras que el año pasado no lo hizo. En realidad ha pasado tres veces (que hayan trascendido públicamente), sólo que la última fue más bien culpa de una avería mecánica en un avión. En esta primera vez que el almirante Millones llegó, junto con Los Sinchis, explicó los planes de militarización del río. Una capitanía fluvial, más efectivos, etc. Fue preguntado sobre si se trataba de combatir el terrorismo o de proteger Camisea. “Es una estrategia de protección integral”, dijo.

Pasando por alto el secuestro de los trabjadores del Proyecto Camisea (mucha información hay por ahí), el año continuó bastante tranquilo, hasta que en octubre la compañía TGP sufrió un par de ataques y retiró a más de 400 trabjadores de la selva. Entonces, solicitó al Gobierno garantías. El gobierno las dio con 15 compañías de la Marina de Guerra.

Y llegamos, por fin, hasta el mes de noviembre. En este mismo mes, la presidenta de la Comunidad Nativa de Sepahua hace su rendición de cuentas. Al final de esta reunión tomala palabra un miembro de la Marina de Guerra, pidiendo la donación de la orilla del Urubamba para instalar una capitanía fluvial. Nadie se opone, así que quien calla otorga. Dice que van a instalar también una base metereológica y también pide otro terrenito. Se lo acuerda dar la asamblea de comuneros. Una capitanía fluvial es, por lo menos, una compañía, que es por lo menos cien efectivos más, puesto que la base se va a mantener. Es decir, todavía más presencia militar en Sepahua. El miembro de la marina habla del MOVADEF, un partido del que no se había oído hablar nada hasta este año y que son el brazo político de Sendero Luminoso.

Respecto a los efectivos de las bases de Nuevo Mundo, pozo Mipaya y Malvinas, no tengo datos de cuándo ni por qué llegaron, pero parece claro que tiene relación con el secuestro de los trabajadores de una subcontrata de Pluspetrol que tanto revuelo causó en Kepashiato.

 

Logros de esta presencia militar en Sepahua

Un año después, la columna senderista de apenas 200 hombres sigue intacta. En Kepashiato, Alto Urubamba, los militares se instalaron en la escuela, convirtiendo a la población en blanco de los senderistas, y generando el rechazo de ésta a los militares, que antes piden desarrollo. Rechazo que fue expresado por el alcalde del centro poblado de Kepashiato en una reunión en la que se convocó a todos los alcaldes del VRAE, en la que el alcalde de Kepashiato, Rosalío Ríos, aclaró en primer lugar que ellos no están en el VRAE. (Ahora VRAEM) Kepashiato había sido el punto clave en el secuestro de varios trabajadores del Proyecto Camisea. En segundo lugar, indicó que no están en contra de las fuerzas armadas pero que estaban restando más que sumando y que cuánto mejor sería traer desarrollo a la zona.

En el distrito de Sepahua sigue habiendo lo mismo que antes, sólo que es de suponer que un poco más controlado. La labor de investigación de los miembros de la DIRANDRO parece que consiste sobre todo en ‘mezclarse’ con la gente compartiendo cervezas a ver si les cuentan algo de borrachera. Seguimos sin tener Banco de la Nación. En cuanto a seguridad, este año ha habido una muerte violenta en Sepahua pero la Policía o los Marinos no han tenido nada que ver. Más bien al contrario.

 

Una pregunta

Ante toda esta realidad, me surge una pregunta cuya respuesta no tengo nada clara. ¿De qué lado estarán las FFAA si algún día la Empresa no cumple sus compromisos y las comunidades nativas comienzan un paro fluvial?

Nota: solicité personalmente a los encarados de relaciones públicas de la BCT Sepahua ciertas aclaraciones al respecto. Después de dos semanas de largas se negaron a ni siquiera hablar sobre el tema.